La competencia desleal, denominada también comportamiento anticompetitivo, comprende diferentes vertientes; no obstante, todas ellas tienen un nexo común: son las prácticas en teoría contrarias a los usos honestos en materia de industria y de comercio.

Dichas prácticas proceden de antaño (la protección internacional contra la competencia desleal nació con el Convenio de la Unión de París, firmado en 1883), si bien es cierto, que en tiempo de crisis afloran este tipo de praxis.

Actualmente, podemos englobar dichas prácticas en algunos grandes grupos. En primer lugar, la desviación de la clientela y la explotación de la reputación ajena.

Aprovechando el lugar de trabajo, las condiciones y disponiendo de una cartera de clientes, no son pocas las personas que inician un negocio y desvían grandes cuentas en su propio beneficio. Ya sea de manera directa o bien colocando de cabeza visible a familiares y/o amigos-socios, con el fin de que dicho negocio no sea vinculante claramente.

Sin embargo, poniendo en práctica una investigación, dicha actividad puede quedar probada fácilmente. Cualquier indicio de competencia desleal debe investigarse rápidamente, antes de que el daño esté hecho y que, en muchas ocasiones sea irrecuperable. La base de una competencia desleal es fundamentalmente la disposición de información, que en muchos casos hace que se ajusten al máximo precios, haciendo que los negocios se deriven en beneficio propio y sean tan competitivos que en ningún caso se puedan volver a recuperar.

Durante el último año, el número de demandas presentadas en los Juzgados contra posibles casos de competencia desleal ha crecido considerablemente, centrándose muchas de ellas en demandas a los propios empleados. Debemos recordar que dichas actuaciones son perseguibles incluso por vía penal.

Lo habitual en estos casos es que empleados se den de baja sin previo aviso para entrar a formar parte de otra empresa con la misma actividad. Pudiendo detectar y averiguar posteriormente que ya habían mantenido contacto con clientes y habiéndolos dirigido hacia la nueva empresa.

El dumping de precios es otro tipo de competencia desleal, vendiendo el producto a un precio inferior al coste. La búsqueda de estos infractores forma parte de nuestras investigaciones comunes en tiempos actuales.
Otra práctica habitual y que cada vez se incrementa más es la de difundir información falsa sobre los productos de los competidores e incluso su publicación, la llamada denigración. Internet hace que esta práctica haya adquirido peso y que hoy por hoy corran como la pólvora noticias falsas. Para ello se puede poner en práctica la monitorización de marca: permite detectar y minimizar abusos de marca que provocan pérdida de confianza hacia la marca, pérdida de ventas y canales de venta no autorizado. Para ello, Grupo Paradell utiliza arañas de búsqueda muy potentes que continuamente analizan, clasifican e identifican posibles casos de fraude en Internet.

En definitiva, la competencia desleal se puede detectar en cualquier sector, en cualquier tamaño de empresa, desde Pymes hasta multinacionales: incluso en cadenas de televisión (en España se han presentado demandas judiciales entre unas y otras) o en una investigación iniciada por China a Microsoft por los mismos términos de competencia desleal. Nadie escapa de esta práctica.

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