Por Arturo Fernández-Cruz Sarrate. Abogado Asociado Senior del Dpto Laboral de Baker & Mckenzie

Dentro de los países industrializados, España es el país con menor relación entre salarios y productividad, ocupando el puesto 126 de los 142 que forman el ranking, según un informe del Instituto de Estudios Económicos (IEE). Es decir, el peor puesto entre las naciones industrializadas junto con Grecia e Italia que también figuran entre los últimos lugares de la clasificación. En la parte superior del ranking aparecen países como Suiza, Estados Unidos y Japón y, entre los países de la Unión Europea, destacan Reino Unido en el puesto 21 y Alemania en el puesto 38.

El reto es, por tanto, pasar del modelo actual español al modelo anglosajón o alemán, de indexar los sueldos a la evolución de la productividad, algo que la propia Ángela Merkel ha apuntado como una de las fórmulas para reducir la tasa de paro y reactivar la economía en España. Para entender por qué este cambio es un reto en sí mismo, es necesario entender el modelo actual y la posición de los agentes sociales al respecto.

El modelo actual liga la subida de los sueldos de los trabajadores automáticamente al coste de vida (IPC). Los convenios colectivos acogen este modelo estático y rígido, sin tener en cuenta los beneficios o la productividad de la empresa estableciendo, por tanto, una revaloración automática de los sueldos vinculados a dicho índice.

Los agentes sociales se han pronunciado sobre la propuesta de ligar salarios a productividad y, como era esperable, lo han hecho en sentido claramente divergente.

Por una parte, los sindicatos, reticentes y recelosos frente a esta medida, se oponen a la misma por los varios motivos. En primer lugar, apelan, como inconveniente insuperable para el éxito del modelo propuesto, a la tasa de inflación histórica en España: según los sindicatos, el modelo funciona bien en Alemania pero no funcionaría en España puesto que Alemania no tiene problemas con la inflación (que habitualmente es moderada), a diferencia de España, donde el IPC es más alto. En segundo lugar, los sindicatos resaltan los problemas insuperables que plantea la medición de la productividad: la productividad no es un dato objetivo al no existir un índice de productividad consensuado ni oficial. Y, en tercer y último lugar, los sindicatos apuntan como otro obstáculo la propia dinámica de la productividad, al considerar que la medida es arriesgada toda vez que la productividad española disminuye en las etapas expansivas y se incrementa en los momentos de recesión; por tanto, en etapas expansivas los salarios experimentarían una disminución, mientras que en las etapas de recesión, los mismos deberían ser incrementados puesto que los trabajadores producirían más.

Frente a esta posición de los sindicatos, la CEOE se ha pronunciado a favor de la propuesta ya que considera que la misma traerá varias ventajas, tales como reducir el paro y el número de despidos, fomentar la participación e implicación de los trabajadores en la empresa, mejorar su rendimiento, poder aumentar salarios en ciclos de mayor productividad y disminuirlos en tiempos de menor productividad.

Expertos en economía también abogan por la implementación de la medida alegando que ceñir las subidas salariales al IPC es caer en una espiral de inflación que deja los salarios por debajo del coste de vida.

En línea con la CEOE se han pronunciado el Banco de España y organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea.
Con independencia de las distintas posiciones manifestadas por los agentes sociales, en mi opinión, existen razones objetivas para un cambio en el modelo actual de revisión salarial y, concretamente, para un cambio que incorpore la productividad como factor de referencia.

La tarea para poder afrontar el nuevo modelo resulta doble: por un lado, es preciso introducir la productividad en el cálculo de la subidas salariales y de este modo vincular los incrementos salariales a los beneficios y resultados de la empresa y, por otro lado, hay que generalizar el establecimiento de sistemas retributivos con un significativo componente variable, al objeto de incentivar a los trabajadores a mejorar su rendimiento individual.

En otras palabras, resultaría preciso reducir la parte fija del salario a favor de la parte variable cuya consecución esté ligada al cumplimiento de objetivos de rendimiento empresarial (empresa, unidad de negocio, etc.) o individual (desempeño del trabajador). Esta tarea de fijación de una estructura salarial con parte fija y variable podrá instrumentalizarse bien a través de la negociación colectiva (convenios colectivos sectoriales o de empresa) o mediante normativa interna empresarial o en su defecto pacto individual entre empresarios y trabajadores en el contrato de trabajo, pero de conformidad con la realidad sectorial y empresarial de cada empresa.

No cabe duda de que la vinculación salarios-productividad plantea retos relacionados sobre todo con la objetividad de las herramientas existentes para medir los resultados, por lo que exigirá un esfuerzo extra para garantizar esta objetividad, así como un ejercicio de transparencia empresarial sobre los resultados de la empresa que sirvan de base para medir la productividad. No obstante, estoy plenamente convencido de que una vez superados estos retos, el cambio permitirá crear estructuras salariales más eficientes y ajustadas a la realidad económica de cada momento (en especial, a tiempos de crisis económica) y conseguirá el esfuerzo y compromiso conjunto de empresa y trabajadores para caminar juntos en el objetivo común de la productividad y competitividad del negocio.

2 Comentarios

  1. Cuanta razón llevas. En España se paga el sueldo en función del presentismo de los empleados, o lo que es lo mismo, por calentar la silla. Que un trabajador acuda 40 horas a la semana a su puesto de trabajo no quiero decir que esté siendo productivo para la empresa. El problema está en cómo medimos esa productividad

    Poco a poco estoy observando un cambio en el modelo de gestión de personas y RRHH. Por ejemplo en mi empresa, están cambiando los sueldos donde una parte importante es en variable ligado a nuestra productividad diaria. En nuestro caso, nos han puesto un programa que mide nuestra actividad frente al PC, con lo que en todo momento sabemos que tiempo dedicamos a cada proyecto. El software se llama WorkMeter (http://www.workmeter.com) y está en castellano.

    Con esta formula, además, hacemos 1 día de teletrabajo y conciliamos mejor nuestras vidas personales y laborales. Y los superiores contentos porque saben que estamos rindiendo; mientras que nosotros tenemos más posibilidad de ascender y optar a mayores sueldos al quedar reflejados nuestros méritos.

    Saludos,

    • Totalemente de acuerdo contigo, esta´claro que no han leído más que la Ciencia jurídica en alguna escuela de negocios de Harvard o de alguna fundacion ultra, viven en su burbuja particular, y desde luego el mensaje es claramente demagógico, manipulador, y sesgado, pero claro hay que seguir vendiendo la burra con tal de seguir perpetuando los viejos ideales de la escuela cláisca de la economía a nuestra costa. Así es la vida, cualquier cosa es válida con tal de seguir abusando del ciudadano, todo por 800, 900 o 1000 € (los más afortunados, claro). Ellos mientras, da igual de donde han venido, lo importante es seguir esquilmando nuestros derechos o loo que queda de ellos. Buenas noches, y menos tufillo ideológico por favor, que aunue quieran manipularnos y mentirnos aún más, la verdad, la basura siempre huele.

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