A raíz del documental de Rocío Carrasco, se ha avivado el debate de si existe o no el síndrome de la alienación parental, por el que el niño, niña o adolescente sufriría un «lavado de cerebro» que le podría llevar incluso a acusar falsamente al padre o madre de maltrato o de abusos sexuales. Sea con ese nombre u otro, desde la Sociedad Catalana de Abogados de Familia (SCAF) aseguran que en el día a día de los abogados de familia, cuando se dan rupturas de pareja en que hay conflicto por los hijos, es habitual ver casos de posesión de los niños por parte de uno de los progenitores, o manipulaciones, conscientes o no, que en algunos casos vienen a dar incluso con lo que se ha denominado «parentalización», una situación en la que los hijos sienten la necesidad de proteger a uno de sus progenitores.

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También se dan casos en que los un progenitor deja de llevar a la escuela o los extraescolares a los hijos para que el otro progenitor no pueda recogerlos e incluso para que no tenga contacto con otras personas. También un caso extremo es el de los progenitores «Gate Keeping» o «guardianes», que creen que sólo ellos o ellas saben cómo tratar a sus hijos y no quieren que el otro progenitor los tenga. Aunque se trate de casos extremos, hay una infinidad de situaciones, conocidas como «interferencias parentales», que dificultan el bienestar de los niños y que desde la SCAF creen que por el interés superior del menor habría solucionar.

No sólo los hijos sino dos o alguno de los progenitores pueden sufrir ansiedad, depresión, u otras dificultades a raíz de una ruptura, y por ello desde la SCAF se pide más especialización y multidisciplinareidad en la jurisdicción de familia, y por supuesto, especialización en los abogados. Sonia Álvarez, de la junta de la SCAF, asegura que «es necesaria una reforma de la ley para dotar de profesionales multidisciplinaris a los juzgados de familia para que ante los primeros indicios puedan actuar. Necesitamos jueces especializados pero también profesionales de la psicología, la comunicación, trabajadores sociales, de manera que se puedan hacer análisis inmediatos, que haya protocolos rápidos que se establezcan y que puedan valorar como forzar a los progenitores a que participen en las terapias que requieren no sólo sus hijos sino también ellos «. «Las familias necesitan un flexibilidad, que la ley del divorcio no tiene, para poder solucionar problemas que se cronifican mientras los hijos van creciendo en edad. La coordinación de parentalidad, en muchos casos llega tarde, y sería deseable que hubiera un seguimiento y coordinación desde el primer momento de los conflictos, sólo así se entendería que se busca el bien superior del menor «.

En este sentido, la psicóloga Chon Molina, en el último café de la SCAF recordaba «La lentitud de la justicia favorece las interferencias parentales y que el rechazo se consolide: si un niño hace dos años que no ve a su progenitor es muy complicado que un coordinador o psicólogo tenga éxito. Si vemos que hay un divorcio muy conflictivo en primera instancia, tenemos que actuar, si no, se colapsa el sistema y llegamos tarde «.

Fuente: SCAF

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