Por Patricia Ramos. Responsable Patentes. PONS Patentes y Marcas Internacional

En el ámbito europeo hasta ahora sólo disponíamos de un sistema de tramitación conjunta de patentes que es el Convenio de la Patente Europea, que aúna a todos los países miembros del EPC y permite, hasta la concesión de dicha patente, que el camino sea común en todos los países, con un criterio y una legislación única. Esta solicitud se presenta, tramita y publica en inglés, francés o alemán.

Este gran avance en el sistema de patentes (el que exista una única solicitud de patente para todos ellos), deja de ser conjunto y pierde sus ventajas, (sobre todo las económicas y la simplificación de trámites), en el momento de la concesión de dicha patente, ya que los titulares de estas patentes europeas han de designar los países miembros en los que quieren ejercer sus derechos de protección y pagar la tasa correspondiente y presentar la traducciones oportunas. Este procedimiento que se denomina validación, encarece el coste de la tramitación de patente enormemente, alejándonos en conjunto, de la protección por patente en países como EE.UU. o Japón.

El otro problema añadido del sistema actual, se basa en que los pleitos que puedan surgir alrededor de la patente, han de plantearse individualmente en cada uno de los países, por lo que defender los derechos de una patente en Europa, supone acudir uno a uno a los tribunales de justicia de cada país, lo que además de ser un procedimiento costoso, no permite obtener en la mayoría de los casos un resultado común.

En aras a llegar a una solución que mejore el sistema actual tras el fracaso de la llamada patente Comunitaria por no lograrse la unanimidad en la aprobación del régimen lingüístico, 25 estados miembros de la UE propusieron una cooperación reforzada en el ámbito de la creación de una patente unitaria.

En mayo de 2011 los dos países discordantes que eran España e Italia, por haberse dejado fuera sus idiomas como lenguas oficiales del nuevo sistema de patente comunitaria, recurrieron ante el Tribunal de justicia de la UE que autorizaba dicha cooperación, alegando que esta forma de actuar discriminaba la lengua y las empresas de estos países, violando uno de los valores fundamentales de la UE que es la no discriminación.

Por otro lado, la discusión se centraba también en el futuro de los litigios de patentes unificados que debía resolverse por un Tribunal común, del que debía acordarse su sede. Este fin de semana, el Tribunal ha tomado una decisión en cuanto la localización de lo que será la División Central del Tribunal Unificado, que se establecerá en París, aunque algunas divisiones se instalarán en Londres y Munich.

A no ser que España e Italia reconsideren su postura, cualquier titular que se acoja al nuevo sistema de patente de la UE tendrá un derecho en exclusiva que parte de una única solicitud y una única concesión en todos los países firmantes del acuerdo con el consiguiente ahorro de costes, y para extender la citada patente a España e Italia deberá acudirse al mismo sistema de validación que existe actualmente, con el pago de una tasa y una traducción adicionales antes las oficinas de patentes de estos países no adheridos.

En cuanto al sistema de pleitos, además de haber perdido la oportunidad de solicitar la localización de, al menos, una división del tribunal de la patente unitaria en alguna ciudad italiana o española, las decisiones serán comunes para los 25, continuando de forma individual en los tribunales españoles e italianos.

El conflicto de los idiomas continúa, puesto que España e Italia siguen pendientes de una resolución por parte del Tribunal de Justicia de Luxemburgo ante sus pretensiones.

En PONS Patentes y Marcas Internacional pensamos que por encima de todo hay que defender los intereses de España y de sus empresas, y el que se imponga a éstas que defiendan sus innovaciones en francés, inglés y alemán, supone una pérdida de competitividad aún mayor para España, donde partiendo de que ya se patenta poco la tendencia seguiría siendo decreciente porque habría que seguir dependiendo de las tasas de validación y las traducciones de patentes (con el correspondiente perjuicio económico para las PYMEs españolas, y la discriminación de costes frente a las empresas alemanas, francesas e inglesas).

Si además tenemos en cuenta que el español es la segunda lengua más hablada del mundo por número de hablantes nativos, justo por detrás del chino mandarín y antes que el inglés, parece más injustificada aún la decisión de que el español no sea uno de los idiomas oficiales del nuevo sistema de patente de la Unión Europea.

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