El Grupo de Investigación Derecho y lenguaje de la Universidad Pontifica de Comillas organizó por tercer año consecutivo  las III Jornadas centradas en el lenguaje jurídico en el cine y la televisión. EN esta oportunidad  se abordó   el periodismo jurídico con el título, que parafraseaba otro de una conocida película de Otto Preminger, “Anatomía del Derecho: los medios de comunicación como bisturí”.  A lo largo de dos jornadas de debate las ponencias de distintos profesores, juristas y filólogos, analizaron diversos aspectos que relacionan a los medios informativos con el mundo legal . Si en la primera sesión, llevaba por título: “Los medios de comunicación como escenario del Derecho”, y en ella se presentaron las siguientes ponencias. “Juristas y periodistas de película”, por Cristina Carretero González;  “Pasado y presente de los escándalos judiciales”, por Alicia Duñaiturria Laguarda; “El lenguaje del Derecho y los medios ante la pena de muerte”, por Federico de Montalvo Jääskeläinen; “Abogados a escena: la teatralidad del proceso”, por Blanca Sáenz de Santa María Gómez-Mampaso.

Por su parte, en la segunda jornada,  tuvo lugar la sesión titulada: “El séptimo arte y el cuarto poder en el mundo judicial”. Las ponencias fueron: “¿Delitos penales o delitos lingüísticos?”, por Marina Ferrer Calvo; “La ley de los tribunales en la prensa de las “vanidades”: una difícil convivencia”, por Pilar Úcar Ventura, y “Ars oratoria: la palabra como instrumento de seducción”, por Angelo Valastro.
En esta oportunidad reproducimos, la ponencia de  por Alicia Duñaiturria Laguarda, profesora de Historia del Derecho y de las Instituciones de ICADE, Univ. Pontificia Comillas sobre el origen de los  escándalos judiciales para los lectores de DIARIOJURIDICO

 

Desde su origen, los medios de comunicación se han hecho especial eco de todas aquellas noticias escandalosas, entendidas como las que mayor ruido o tumulto provocan en el receptor.  En este recorrido histórico aludiremos a algunos escándalos judiciales penales, los más destacados, porque movieron los ánimos del público a favor o en contra de los protagonistas. Hoy en día, a su acceso tienen derecho los periodistas y a su conocimiento tenemos derecho los ciudadanos desde el momento que el artículo 120.1 de la CE establece que las actuaciones judiciales serán públicas.

El problema se presenta cuando a la finalidad básica de informar –esencia del periodismo-, se unen otros objetivos como manipular la información; el Derecho en general y los escándalos judiciales en particular son terreno abonado para que esto se produzca, convirtiendo en sensacionalismo lo que no debería ser sino simple periodismo judicial. Ambas caras de la moneda se asoman en las siguientes líneas.
A finales del XVIII, principios del XIX, una cuadrilla de ladrones, encabezada por Pedro Piñero, el Maragato, un delincuente de 28 años, había cometido graves robos y latrocinios. Este reo y alguno más, habían sido condenados a pena de muerte de horca y a ser descuartizados y puestos sus restos en los caminos reales de Castilla y Extremadura. El rey conmutó la sentencia por otra menor, pero no se pudo llevar a cabo porque el Maragato se fugó cometiendo nuevos delitos, a cada cual más grave.

La estela del Maragato se fue alargando, y según dicen los documentos, se empezaron a imprimir folletos que, en forma de romance o de novela, narraban los más graves delitos cometidos por el Maragato; el Fiscal de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte, tribunal que había juzgado a este bandolero solicitó que se retirara uno de los panfletos que se había hecho público entre la población porque: “se prevenía con este folleto la opinión del público a favor o en contra de este hombre, que comprometería la libertad en juzgar del tribunal o su autoridad y justificación en daño gravísimo de las leyes y de la causa pública”.

Como vemos, un folleto divulgador de la época, ya advertía de los peligros que la comunicación puede ocasionar en el pueblo: inclinar las pasiones de los ciudadanos, haciendo que con ello la opinión del tribunal no fuera tan imparcial como era de esperar.

En su huída, el Maragato fue apresado en Oropesa (Toledo) en 1806 por un fraile, Fray Pedro de Zaldivia, que llegó a convertirse en un héroe nacional y cómo no, la captura que hizo del Maragato también se expandió por folletos y estampas populares, novelándola y fantaseándola. Goya, coetáneo de los hechos,  pintó una crónica de seis óleos sobre tabla sobre el bandido y su captura, crónica que actualmente se conserva en el Chicago Art Institute y que se compara con los cinematográficos “storyboard”.

Siglo XIX, algunos hechos

El siglo XIX-principios del XX también tiene sus casos de escándalos judiciales recogidos por la prensa: por ejemplo, el de Francisco Ferrer Guardia, fundador de la llamada Escuela Moderna, acusado de instigar la Semana Trágica de Barcelona y de ser cómplice de Mateo Morral, quien atentó frustradamente contra Alfonso XIII en Madrid. Declarado culpable por un tribunal militar, fue fusilado en Barcelona en 1909.

Algunos periódicos criticaron abiertamente la ejecución, como The Times: Por negligencia o estupidez, el gobierno ha confundido la libertad de instrucción y conciencia, el derecho innato a razonar y expresar su pensamiento, con el derecho de oposición, asimilándolo a una agitación criminal”.

Unos años antes había tenido lugar en Madrid un desagradable suceso conocido como “El crimen de la calle Fuencarral”. El caso aludía a un crimen violento que tenía a una viuda de 45 años como víctima y que conmocionó al Madrid del XIX.

Durante la Presidencia de Gobierno de Cánovas del Castillo, el crimen se llevó a juicio siendo la primera vez que tenía lugar la acción popular suscitada por periódicos como “El Liberal” y sobre todo por la “Regencia”;  la acusada fue la última persona ejecutada públicamente (por garrote vil)  en España.

Este crimen ha alcanzado tal notoriedad que ha dejado en el lenguaje madrileño el dicho “es más conocido que el crimen de Fuencarral” y porque supuso el despegue en España de un tipo de periodismo interesado en los sucesos.

Benito Pérez Galdós, quien dio noticia presencial del proceso, y posteriormente escribió un libro, alertaba de lo siguiente: “la prensa, obligada cada día a sostener y apacentar la curiosidad del público, no puede ejercer de fiscal ni mucho menos de juez en asuntos criminales sin exponerse a acometer graves e irreparables injusticias…la facultad de sentenciar queda reservada a quien tiene de la sociedad el encargo de hacerlo”.

Crimenes violentos, ya habituales

Los relatos de crímenes violentos siguen invadiendo los medios de comunicación: el crimen de los Urquijo, de los abogados de Atocha, de las niñas de Alcáçer, de Rocío Wanninkhof, Marta del Castillo…; por la prensa sabemos lugares/ autores/ delitos/condenas…Y el derecho penal pasa a ser un plato más (indigesto) en las comidas o en las cenas.

En la década de los 20, en USA, donde los medios de comunicación siempre han tenido mucho poder, escandalizó el caso de Sacco y Vanzzetti, dos inmigrantes italianos que en Massachusetts fueron ejecutados acusados del robo y asesinato de dos personas. Se dudaba de su culpabilidad a pesar de que los acusados frecuentaban círculos de anarquistas italianos y que eran revolucionarios, y el caso generó mucha polémica porque se decía que entraban en juego elementos xenófobos.

El mismo juez se mostró en varias ocasiones excesivamente partidista contra el abogado defensor, y la prensa, en particular un abogado del Boston Globe, acudió al Fiscal General para protestar por la parcialidad del juez. La prensa manifestó que el juicio no era justo, y se inició una explosión de protestas clamando por un nuevo juicio que se extendieron a todas las partes del globo.

A pesar de que las pruebas de balística no estaban claras, en cuya campaña  participó activamente el Boston Herald, fueron condenados a la silla eléctrica, y sus ejecuciones generaron -siendo una de las primeras veces en la historia-, movimientos de protesta masiva en todo el mundo.

Recientemente, John Dos Passos ha escrito un libro  –Ante la silla eléctrica– sobre la ejecución de los dos anarquistas italianos.

En plena Guerra Fría, y tras la famosa crisis de los misiles cubanos, estalló en Inglaterra el que probablemente haya sido su escándalo judicial por excelencia, el llamado Caso Prófumo, que se refería a la relación mantenida por el Ministro de Guerra John Prófumo, del gobierno conservador de Macmillan, con una bailarina o modelo llamada Christine Keeler. El escándalo no hubiera sido tanto si no se hubiera sabido que la aludida había mantenido previamente una relación con un supuesto agente ruso apellidado Ivanov.

El escándalo se multiplicó aún más cuando en la Cámara de los Comunes el acusado negó los hechos, y posteriormente reconoció que había mentido. Con ello provocó su dimisión del cargo y probablemente la del primer ministro Macmillan. El affaire Prófumo fue primera plana de los tabloides británicos durante días.

También escándalo de espionaje lo encontramos en el celebérrimo Caso Dreyfuss –donde se mezclan espionaje y antisemitismo-, cuya injusticia fue revelada por Emile Zola en el diario La Aurora con su célebre J‘Àcusse.

Pero los affaires sexuales no quedan ahí: para empezar partamos del propio término, affaire, que tiene su traslación al castellano en una doble acepción:

-negocio o asunto escandaloso

-relación amorosa extramarital.

La prensa sensacionalista emplea el galicismo porque es más llamativo, vende mejor, y deja para los casos de corrupción o escándalos políticos otros términos como “caso” u “operación”. Volviendo al affaire, entendido como relación amorosa con nota de escándalo, alcanza su cénit cuando roza el delito, y más aún si éste es cometido por un cargo público.

Recordemos a  DSK (acrónimo breve, fácil de retener), donde la prensa tiene el cocktail perfecto: poder, lujo, delito, abuso, e incluso choque de clases. Por otro lado, hay políticos que alimentan a la hidra de los medios, como sucede con el presidente italiano Berlusconi, implicado –entre otras cosas- en una supuesta trama de prostitución al enredarse con la que asimismo parecía familiar del derrocado Hosni Mubarak, y a la que los medios han bautizado con el llamativo y pegadizo nombre de Caso Ruby.

Los juicios mediáticos emergen

Luego tenemos los llamados juicios mediáticos: es decir, aquellos a los cuales el público asiste a través de la prensa a todas y cada una de las fases procesales y detalles escabrosos creando lo que se llaman “juicios paralelos”, comprometiendo la imparcialidad judicial. En España hemos asistido a bastantes. Desde el “juicio de la colza, o de los aceiteros” hasta el macrojuicio del 11M, pasando por el GAL, Rumasa, Anabel Segura, Caso Arny… que motivaron la aparición de un tipo de tertulia o debate nocturno donde las víctimas, detectives, implicados, y presentador, ofrecían al público nocturno ávido de sensacionalismo un auténtico show.

Una forma de enriquecer el lenguaje es con los llamados neologismos, palabras nuevas introducidas en el idioma que pueden ser de origen griego o romano y actualmente anglosajón o de nueva formación. Muy pocos sabemos de economía, pero desde la crisis económica, hemos pasado a engrosar nuestro vocabulario con nuevos términos como hipotecas subprime/ crisis ninja/ bonos basuras/primas de riesgo/ e incluso a poner nombre y apellidos a bancos enormes que han caído como Lehman Brothers, (4º banco de inversión de USA que quebró)o personajes que se han aprovechado como Maddoff.

 En España nadie olvida la intervención de Banesto y la entrada en prisión de Mario Conde o el escándalo del Fórum Filatélico.

Pero los medios de comunicación nos asaltan últimamente con nuevos escándalos a los que se han dado nombres grandilocuentes: la Operación Malaya sobre corrupción urbanística; la SGAE, apropiación indebida de fondos; Gurtel o los famosos trajes de Camps; la Operación Campeón; la Operación Galgo, de dopaje a deportistas; Mercasevilla o venta fraudulenta de suelos y prejubilaciones falsas; el Faisán…. Por los medios, el “neófito” en los tecnicismos judiciales se bautiza con vocablos como cohecho propio/impropio; imputado, procesado, acusado; apropiación indebida, prevaricación; presunción de inocencia; in dubio pro reo, secreto de sumario, etc.

E incluso los medios nos hacen partícipes de los errores y/o decisiones judiciales, como sucede con la controvertida Ley del menor (v.g. el caso de Mari Luz Cortés, al dejar en libertad a un delincuente por la escasez de medios judiciales)  haciéndonos ver que la justicia es de hombres y no de dioses.

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