El uso del domicilio familiar cuando los hijos alcanzan la mayoría de edad es una cuestión sobre la que versan muchos de los procedimientos judiciales que se encomiendan a IENE ABOGADOS.

La mayoría de edad de los hijos que conviven con uno de los progenitores, puede suponer el cese de la atribución automática de uso de domicilio que tuvo lugar cuando los hijos eran menores de edad. Como veremos a continuación, las circunstancias que rodean al caso son vitales para la resolución del mismo, si bien el Código Civil regula esta cuestión que, claro está, ha sido abundantemente tratada por la jurisprudencia.

¿Qué ocurre con el uso del domicilio familiar cuando los hijos son menores de edad?

En este caso la respuesta es clara y viene establecida en el artículo 96 del Código Civil:

En defecto de acuerdo de los cónyuges aprobado por el Juez, el uso de la vivienda familiar y de los objetos de uso ordinario en ella corresponde a los hijos y al cónyuge en cuya compañía queden.”

Por lo tanto, en los casos en que los hijos son menores de edad el Código Civil es claro: el uso del domicilio familiar le corresponderá al cónyuge en cuya compañía queden.

En el caso de tratarse de una custodia compartida de hijos menores de edad, lo anterior varía y, se tendrán en cuenta diferentes factores para determinar qué progenitor merece una especial protección, y por lo tanto ser el usuario de la vivienda, o, si por el contrario, procede un uso alternativo de la misma a favor de ambos progenitores.

¿Y cuando los hijos son mayores de edad?

Cuando los hijos son mayores de edad, la cuestión no tiene una respuesta tan automática, ya que el Código Civil no incluye un precepto tan claro como el anterior, y dicha cuestión ha sido desarrollada y matizada poco a poco por la jurisprudencia.

En primer lugar, la duda se plantea sobre qué precepto cabe aplicar en estos casos. Pues bien, el Tribunal Supremo ha confirmado de forma reiterada que, en caso de que no haya hijos menores de edad, resulta de aplicación el párrafo 3 del artículo 96 del Código Civil, que contempla:

No habiendo hijos, podrá acordarse que el uso de tales bienes, por el tiempo que prudencialmente se fije, corresponda al cónyuge no titular, siempre que, atendidas las circunstancias, lo hicieran aconsejable y su interés fuera el más necesitado de protección.”

Es decir, en caso de que los hijos sean mayores de edad, la atribución del uso de la vivienda familiar no es automática a favor de los mismos, sino que será el Juez quien valore las circunstancias concurrentes del caso, y analizando el interés más necesitado de protección, determinará el usuario de la vivienda y el plazo de atribución. Así lo contempló el Tribunal Supremo en una de sus primeras sentencias sobre esta cuestión el pasado 5 de septiembre de 2011:

“… la atribución del uso de la vivienda familiar en el caso de existir hijos mayores de edad, ha de hacerse a tenor del párrafo 3º del artículo 96 CC, que permite adjudicarlo por el tiempo que prudencialmente se fije a favor del cónyuge, cuando las circunstancias lo hicieren aconsejable y su interés fuera el más necesitado de protección…”.

Como vemos, en primer lugar, el artículo prevé que esa atribución pueda ser de carácter temporal; temporalidad que en modo alguno se plantea cuando los hijos son menores de edad y quedan a cargo de uno de los progenitores.

Por otro lado, la sentencia también prevé necesario hacer una valoración de las circunstancias que rodeen el caso (véase, situación personal de las dos partes, patrimonio de ambos cónyuges, capacidad económica de cada uno, etc…) para poder determinar así quien ostenta el interés más necesitado de protección, que será el usuario de la vivienda.

¿Qué ocurre con el uso del domicilio familiar cuando, una vez divorciado o separado el matrimonio, los hijos alcanzan la mayoría de edad?

En este caso, entraríamos ya en un procedimiento de modificacion de medidas que habrá de ser instado por aquel cónyuge, o más bien ex-conyuge, ya separado o divorciado, que pretenda un cambio en cuanto a la atribución del uso de la vivienda

En este sentido, la jurisprudencia ha confirmado que una vez alcanzada los hijos la mayoría de edad, ya no cabe esa atribución automática, y por ello, al haber un cambio de las circunstancias que motivaron la atribución inicial del uso del domicilio (esto es, que los hijos alcancen la mayoría de edad), cabe plantearse nuevamente la asignación de la vivienda, atendiendo como decíamos a las circunstancias de los ex cónyuges y no existiendo ya,  de forma automática, un derecho preferente a favor del progenitor con el que conviven los hijos.

Por otro lado, nada tiene que ver que los hijos mayores de edad sean o no independientes económicamente, pues el Tribunal Supremo ha entendido en reiterada jurisprudencia que alcanzada los hijos la mayoría de edad, si estos necesitan alimentos en los que se incluye la vivienda (al no contar con independencia económica), pueden convivir con cualquiera de sus progenitores, pudiendo decidir el alimentante proporcionarlos en su propia casa.

En la sentencia del 6 de octubre de 2006, nuestro más alto tribunal, analiza la cuestión detalladamente, en un caso en que la Audiencia Provincial había contrariado la consolidada jurisprudencia que hemos referido:

Sin duda, el desconocimiento de la jurisprudencia sobre esta materia justifica el interés casacional que ha dado lugar al recurso de casación. El uso se atribuye al progenitor, como luego se dice en el fallo, y por el tiempo que prudencialmente se fije a su favor y este tiempo no es el que conviene a los hijos sino a ella, aunque pueda valorarse la circunstancia no solo de que convivan con ella los hijos, sino de que aquella custodia que se había establecido a su favor durante su minoría de edad desaparece por la mayoría de edad y si estos necesitaran alimentos, en los que se incluye la vivienda, pueden pasar a residir con cualquiera de sus progenitores en función de que el alimentante decida proporcionarlos manteniendo en su propia casa al que tiene derecho a ellos.

Por consiguiente, la sentencia recurrida, utilizando el criterio del interés de los hijos mayores, contradice la doctrina de esta sala y ha de ser casada, sin que ninguna influencia tenga el hecho de que existan otras viviendas al no ser posible fijar en procedimiento matrimonial el uso de los segundos domicilios u otro tipo de locales que no constituyan vivienda familiar, que es al que se refiere el artículo 96 del Código Civil ( sentencia 9 de mayo de 2012 ). Como consecuencia, y conforme se interesa y se interesó en la instancia, y se acordó en la sentencia del juzgado, se mantiene el uso alternativo de la vivienda familiar dispuesto en la misma.”

La Sentencia referida también cita la doctrina establecida por esta Sala en su Sentencia anterior de 5 de septiembre de 2011 a la que añade la posterior de 30 de marzo de 2012, cuya doctrina ha sido reiterada en las sentencias de 14 de noviembre de 2012 , 12 de febrero de 2014 , 29 de mayo 2015 y 17 de marzo 2016:

«…La mayoría de edad alcanzada por los hijos a quienes se atribuyó el uso deja en situación de igualdad a marido y mujer ante este derecho, enfrentándose uno y otro a una nueva situación que tiene necesariamente en cuenta, no el derecho preferente que resulta de la medida complementaria de guarda y custodia, sino el interés de superior protección, que a partir de entonces justifiquen, y por un tiempo determinado. Y es que, adquirida la mayoría de edad por los hijos, tal variación objetiva hace cesar el criterio de atribución automática del uso de la vivienda que el artículo 96 establece a falta de acuerdo entre los cónyuges, y cabe plantearse de nuevo el tema de su asignación, pudiendo ambos cónyuges instar un régimen distinto del que fue asignación inicialmente fijado por la minoría de edad de los hijos, en concurrencia con otras circunstancias sobrevenidas».

Como podemos comprobar, la posición del Tribunal Supremo en esta cuestión se ha mantenido intacta a lo largo de los años, reiterando en todas sus sentencias los siguientes argumentos:

  1. La mayoría de edad alcanzada por los hijos, que tenían atribuido el uso del domicilio familiar, deja en situación de igualdad a marido y mujer.
  2. Esta mayoría de edad enfrenta a ambos cónyuges a una nueva situación, que permite replantear la asignación del uso del domicilio a través de un procedimiento de modificación de medidas.
  3. Alcanzada la mayoría de edad de los hijos, el alimentante puede proporcionar la vivienda a éstos y cubrir esta necesidad, en caso de no ser independientes económicamente, manteniéndolos en su propia casa.
  4. La asignación del uso temporal de la vivienda familiar a favor de uno de los cónyuges, alcanzada la mayoría de edad de los hijos, se acordará cuando las circunstancias lo hicieren aconsejable y su interés fuera el más necesitado de protección.

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