Juan Ignacio Fuster-FabraConoce la Audiencia Nacional como su casa. Allí, Juan Ignacio Fuster-Fabra se ha pasado años defendiendo a víctimas de terrorismo, ya sean civiles o de las fuerzas de seguridad del Estado. Tras el final de la violencia de ETA, el socio de Fuster-Fabra Abogados continua en la Audiencia Nacional, aunque ha cambiado buena parte de su clientela y el tipo de asuntos que defiende. Ahora se ocupa de grandes casos penales económicos, de esos que, en los últimos tiempos, son portada en los medios de comunicación. Defiende el papel de la Audiencia Nacional y sus jueces y asegura que es el tribunal más adecuado para juzgar los grandes casos de corrupción que salpican a la sociedad española y que se han convertido en una de las primeras preocupaciones de los ciudadanos. De hecho, este joven abogado considera que casos como el de Urdangarín se hubieran llevado de forma más “ágil, transparente y objetiva” en la Audiencia.

La andadura del Fuster-Fabra Abogados ha estado muy unida a la defensa de las víctimas de terrorismo en la Audiencia Nacional. Pero me imagino que tras el fin de la violencia de ETA habrá caído esta actividad.

Sí, en la Audiencia Nacional tradicionalmente hemos sido abogados de víctimas del terrorismo. Ese ha sido nuestro principal bastión. Durante muchos años hemos sido abogados de sindicatos de la Policía Nacional, Guardia Civil, Mossos de Escuadra y en todos los casos que han afectado a las fuerzas de seguridad del Estado. También hemos estado con las propias víctimas civiles de terrorismo. Actualmente seguimos con la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (Acvot). Pero, afortunadamente, no quedan procedimientos abiertos de terrorismo en la Audiencia Nacional. El último caso que llevamos fue el del inspector de la Policía Nacional, Eduardo Puelles, y, desde entonces, el tema de terrorismo etarra ha bajado muchísimo. En el terrorismo islámico hay coletazos pero no es un asunto fuerte en la Audiencia. Hemos cerrado una etapa. Ahora lo que se lleva, los casos estrella, son de penal económico, que también es una especialidad que tradicionalmente hemos tenido en el despacho y a la que ahora nos dedicamos con fuerza.

¿Y en los casos económicos penales que lleváis en la Audiencia Nacional cuáles son vuestros clientes?

Generalmente somos abogados de las grandes corporaciones, altos ejecutivos y grandes directivos. En la Audiencia Nacional nunca te vas a encontrar una ‘big four’ o un gran bufete de abogados, sino despachos de abogados más especializados, boutiques que se llaman. Las grandes firmas te subcontratan. La Audiencia Nacional no es un juzgado normal es totalmente diferente. La clase de instrucción que se lleva allí es distinta. Hay que conocerla, hay que saber cómo se manejan los tiempos.

Tras el fin de ETA, hay voces que dicen que ya no tiene ningún sentido la continuidad de la Audiencia Nacional. ¿Cree que es así?

Creo que es un concepto totalmente erróneo. Es verdad que la Audiencia Nacional surgió, precisamente, para una serie de delitos concretos como eran los de terrorismo, pero considero que sigue cumpliendo una función muy importante. Además, en la Audiencia Nacional hay unos magistrados y unos fiscales de altísima preparación. Estamos hablando de casos muy serios, de asuntos muy comprometidos, que quizás a un juzgado de instrucción o a una audiencia provincial les colapsaría. Cada macroasunto puede tener de inicio 60, 80 o cientos de tomos. Y si cada tomo tiene 500 hojas, eso hace miles de folios de instrucción.

Temas de narcotráfico, sigo pensando que es la Audiencia Nacional quien tiene que conocerlos. Es un organismo que tiene muy bien trabajado este tema, además cuenta con conexión con todas las unidades de los cuerpos de seguridad del Estado. En penal económico, la Audiencia también es el lugar idóneo. La Fiscalía Anticorrupción dentro de la Audiencia es excepcional y los magistrados y jueces conocen muy bien la realidad que existe.

Sin duda sería una equivocación quitar la Audiencia Nacional. Las voces discrepantes que dicen que no tiene ningún sentido que exista se equivocan. Una vez que uno entra, la conoce y sabe como enfoca los asuntos te da garantía.

¿Considera que un caso como, por ejemplo, el de Urdangarín se habría llevado mejor en la Audiencia Nacional?

Creo que el Caso Urdangarín llevado en la Audiencia Nacional sería totalmente diferente. Pero además, si uno piensa que hay conexiones entre diferentes autonomías y ha habido diferentes puntos en los que pueden haber actuado las partes implicadas y los imputados, pues la Audiencia Nacional es perfecta. No está contaminada por el lugar de los propios hechos y eso es importante. Al final, si un caso se localiza sólo en un juzgado específico de un partido judicial, pues siempre existen las presiones y esa falta de discreción porque es un entorno pequeño. En la Audiencia Nacional tenemos macroasuntos que salen como plátanos. Y cuando hablamos de macroasuntos hablamos de gente que tiene una especial relevancia con unas especiales implicaciones, como pueden ser la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín. No digo que vayan a salir beneficiados o no pero son asuntos que se tienen que tratar de una determinada manera y con unos medios diferentes.

Es verdad que faltan medios en la Justicia, faltan muchos, pero puestos a elegir, en la Audiencia Nacional existen más, además de una preparación específica. Creo que la instrucción hubiera sido más ágil, más transparente y objetiva en la Audiencia Nacional, que en el Juzgado de Palma de Mallorca con el Juez José Castro, que lo está haciendo estupendamente bien pero… También quiero saber si le beneficia o no tener este asunto porque, a lo mejor, tiene colapsado el Juzgado.

[pullquote]”Creo que la instrucción del caso Urdangarín hubiera sido más ágil, más transparente y objetiva en la Audiencia Nacional, que en el Juzgado de Palma de Mallorca con el Juez José Castro, que lo está haciendo estupendamente bien pero…”[/pullquote]

Además considero que en el caso Urdangarín se ha jugado demasiado con la vida personal. En la Audiencia Nacional eso se hubiera atajado. Los correos electrónicos personales, ese sensacionalismo hay que evitarlo. Cuando he tenido oportunidad de hablar en medios de comunicación siempre he dicho: “No entiendo como Fiscalía y el Juez Castro permiten que se sigan aportando correos adicionales sin ningún sentido”.

Una lucha que tenemos en este despacho es la regularización de la prueba electrónica. No puedes presentar correos en papel y ya está. Si quieres presentar un correo, demuestra que ese correo es verdad, que se envió desde esta cuenta hasta esa cuenta, que hay una certeza…

Pero el papel sigue dominando la escena judicial…

Sí. A día de hoy hay juzgados que nos notifican todavía por fax. El mundo de la judicatura va a años de retraso con el resto de la sociedad. Ahora mismo, la gente ya ni se comunica por email sino por mensajería instantánea. Pero nosotros seguimos enterrados en papel. Tengo una sala enorme dedicada sólo a expedientes. Cuando te envían una nota de procesamiento tiene hojas y hojas.

La Audiencia Nacional también tiene un gran carga de trabajo a sus espaldas. ¿Cuántos casos lleva, por ejemplo, el juez Pablo Ruz?

Una barbaridad. Fue sustituto de Baltasar Garzón y ser sustituto de un juez estrella es mucha responsabilidad mediática, profesional y judicial. Don Pablo ha tenido un papel muy difícil y creo que, a pesar de todo, ha sabido salvar esas dificultades y adecuarse al cargo, que es muy difícil. Tiene un equipo de funcionarios muy buenos y ha sabido atender a la realidad del juzgado que le tocaba con muchos macroasuntos y muchas presiones. Sin duda ha sabido salir adelante.

¿Piensa que son necesarios más jueces en la Audiencia?

Sí porque dividiríamos y habría más jueces que podrían instruir. Ahora bien, tienen que ser jueces muy acostumbrados a soportar la presión mediática y social. Por ejemplo, en el tema de la Doctrina Parot voy a romper una lanza a favor de Fernando Grande-Marlaska. Un gesto que, sin duda, le honra es haberse acercado a las víctimas del terrorismo y haberles explicado cuál era el problema y cómo era el problema. Eso es digno de un juez que, a pesar de ser presidente de la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, ha tenido el rigor y, sobretodo, el señorío de sentarse con las víctimas.

¿Al ser abogado de las víctimas del terrorismo, cómo ha vivido el fin de la Doctrina Parot?

Me habría manifestado antes de que saliera la sentencia de la Doctrina Parot, porque los juristas sabíamos cuál era el problema y cuál iba a ser desenlace. Tuvimos que hacer un esfuerzo muy grande para explicar a las víctimas cuáles son las reglas del juego y cuál es el Estado de Derecho en España y costó mucho. Antes ya hicimos el esfuerzo de decirles que ésta era una doctrina que no iba a aguantar para siempre y, sobre todo, hicimos el trabajo después de que saliera la sentencia de Estrasburgo porque, ahí, es cuando las víctimas palparon la realidad y vieron lo que hay.

[pullquote align=”right”]”Habría que haber hecho unas modificaciones muy importantes durante el periodo que se adoptó la Doctrina Parot. Pero ninguno de los gobiernos, tanto socialistas como del PP, lo hicieron. Nadie se sentó con las víctimas. Se las ha escuchado tarde y regular”.[/pullquote]

Habría que haber hecho unas modificaciones muy importantes durante el periodo que se adoptó la Doctrina Parot y haber cambiado muchas cuestiones a favor de las víctimas. Pero ninguno de los gobiernos, tanto socialistas como del Partido Popular, lo hicieron. En eso tenemos que ser sinceros. Nadie se sentó con las víctimas. Esa ha sido su lacra. Se las ha escuchado tarde y regular.

¿Demasiado tarde?

Sí, y la mayor pena que me da es que la memoria de la sociedad es muy corta. Hace cuatro o cinco años lo que más preocupaba a los ciudadanos era el terrorismo. A día de hoy, lo que más les preocupa es la corrupción y, me parece muy bien, pero dónde dejamos a las víctimas. Una persona a la que le han quitado a un familiar directo en un atentado terrorista va a tener esa pérdida de por vida. Es cierto que el homenaje no tiene que ser diario pero sí que tiene que haber un mínimo de recuerdo hacia esas víctimas, tanto de los atentados terroristas de ETA como del 11-M. Pero a la gente se le ha olvidado. Parece como si hubieran pasado 20 años y sólo han pasado cuatro o cinco. Eso es algo que los abogados que trabajamos en temas de terrorismo procuramos recordar. Es muy llamativo porque en los primeros años del plomo, en los juicios contra etarras era terrible la tensión que se vivía entre proetarras y familiares de uno y otro lado. Sin embargo, en el último juicio al que asistí de ETA, allí sólo había un curso de derecho de la Universidad de Salamanca.

¿A la hora de hacer tu trabajo cuál es el principal fallo que encuentras en el sistema judicial español?

Este es un debate que hemos tenido muchas veces los juristas: creo que en las leyes procesales no se toma en cuenta realmente a quien está a pie de calle y tiene que trabajar la ley. Una cuestión que no me parece lógica es que nosotros los abogados tenemos unos plazos muy restrictivos y totalmente inflexibles que cumplir. Para realizar, por ejemplo, un escrito de defensa o de acusación tienes sólo un margen de 10 días. No quiero estar en la piel del abogado de Urdangarin para hacer un recurso de apelación sobre una instrucción de folios, folios y folios. Necesitas medios, tiempos. ¡Así tenemos la fama los abogados de empezar a las ocho de la mañana y terminar a las tantas! Pero luego resulta que el fiscal y su señoría tienen todo el plazo de el mundo. Entiendo que ellos también tienen mucho trabajo pero no creo que tengan más asuntos que un bufete de abogados. Actualmente, en el despacho tenemos, sólo de derecho procesal penal, medio millar de expedientes abiertos.

Una de tus especialidades son los temas de corrupción y blanqueo de capitales. ¿Crees que saldrán a la luz nuevos escándalos de corrupción?

Sí van a ir saliendo más casos de corrupción porque estamos en la punta de iceberg. En las épocas de bonanza prácticamente no hay procedimientos judiciales porque todo el mundo cobra de algún lado y está bien. Pero cuando vienen las épocas de crisis y tenemos que jugar con las mismas reglas de juego, absolutamente todos, ahí es cuando surge el problema y cuando saltan esas diferencias. Esas pequeñas actividades que antes uno decía que no tenían carácter ilícito porque, bueno, las hacían todos, ahora te das cuenta de que si hay alguien -que no participa dentro de pastel de los beneficios- puede denunciar al otro, ya que resulta que esa práctica, desde un punto de vista legal y profesional, no es correcta. Es punible y es sancionable. Y eso es lo que está sucediendo. Si analizas los últimos macrocasos de corrupción, éstos saltan por la estupidez más pequeña y por cantidades como no le he pagado 10.000 o 12.000 euros de indemnización.

[pullquote]”Si analizas los últimos macrocasos de corrupción, éstos saltan por la estupidez más pequeña y por cantidades como no le he pagado 10.000 o 12.000 euros de indemnización”.[/pullquote]

En las clases cuando trato el cohecho, la prevaricación o el secreto industrial les explico a los alumnos: “Todo lo que te rodea es derecho, todo está sujeto a una norma y si te saltas una norma ya estás jugando en el filo de la navaja y corres el riesgo de cortarte”. Y cortarte en tema penal económico es un procedimiento muy largo, de mucho tiempo y con unas graves consecuencias sociales, personales y profesionales. La gente al final sale muy tocada de los procedimientos en la Audiencia Nacional.

¿Las empresas están mejorando sus prácticas para no tener problemas de tinte penal económico?

Es la asignatura pendiente pero sí que es verdad que se están empezando a tomar unas medidas importantes. Hasta ahora, en los consejos de administración de las empresas se tenía al abogado mercantilista, al abogado fiscalista y ahora, siguiendo la corriente americana, lo recomendable es tener al abogado penalista, de cabecera y de confianza, que pueda estar ahí para cumplir las leyes de blanqueo de capitales y evitar problemas ¿Por qué? Porque la responsabilidad de las personas jurídicas es algo que ha aparecido y es algo de lo que hay que tener conciencia. Es decir, no sólo la persona física va a ser responsable también la jurídica. Y no podemos jugar a que una determinada acción pueda llegar a una serie de sanciones graves contra la empresa y que ello implique tener problemas. Si, por ejemplo, usted se va a exportar fuera y tiene una serie de comportamientos reprobables con una serie de funcionarios externos: sepa usted que está incurriendo en un delito penal. Y si tiene una persona que lo está haciendo: ponga todos los cauces para reprobarle, sancionarle y sacarle del organigrama si es preciso. Las empresas están empezando ahora a comprender esto pero estamos todavía al principio del camino.

¿Crees que los ciudadanos olvidarán también el problema de la corrupción como ha ocurrido con el terrorismo?

Va a ser más difícil. Al español medio lo que le importa es que le toquen el bolsillo. La gente tardó mucho en concienciarse con el tema del terrorismo, quizás tuvimos que esperar al asesinato de Miguel Ángel Blanco, que provocó aquellas mareas de manos blancas.

¿Cómo está afrontado Fuster-Fabra Abogados esta etapa de crisis, gran competencia en el sector de la abogacía y bajada generalizada de tarifas?

Este despacho de Madrid nació con la crisis. El bufete llevaba ya años funcionando en Barcelona pero hace seis años con mi socio, José Carlos Velasco, decidimos implantar un proyecto y hacer la sede de Fuster-Fabra en Madrid. Cambiamos un poco el modelo de despacho. No queríamos que fuera un bufete de caoba y suelos de madera que crujiera. Queríamos darle un carácter más dinámico, más profesional y especializado y, sobre todo, que fuera cercano al cliente.

¿Qué las minutas han bajado?  Sí, pero han bajado porque antes se trabajaba algo menos y se cobraba algo más. Ahora hay que trabajar algo más y cobrar algo menos. ¿Cuál ha sido nuestra política? Dar un servicio como los antiguos sastres: a medida, entender la situación del cliente, buscar la solución, encontrarla y ejecutarla. Empezamos en el despacho dos personas en 2008 y ahora estamos 25. Ha sido un crecimiento positivo, sin riesgo, contenido, con mucha cabeza y sentido común.

Y en estos seis años también os dado tiempo a saltar al exterior.

Sí ya hemos comenzado nuestra aventura en el exterior. Ahora mismo tenemos una oficina asociada en Perú. El mercado suramericano es muy importante y está en plena expansión. Además, recientemente, hemos firmado una alianza con un despacho en Francia, en París. Es una firma especialista en penal y penal económico.

Nuestra filosofía es elegir como socios a despachos jóvenes, dinámicos, despachos boutique con unos 20-25 abogados y que dan un servicio muy especializado. Podemos poner un abogado en cualquier punto de Europa en menos de 24 horas, sin ningún problema, los 365 días al año.

Queremos seguir apostando por Sudamérica, donde contamos con conexiones y hemos tenido varios asuntos que han funcionado muy bien, tanto a nivel penal como mercantil y penal económico. Tenemos la vista puesta en Colombia y Ecuador, Venezuela. Estamos pendientes de Chile y Brasil es un objetivo futuro. Dentro de Europa apostamos por Alemania e Inglaterra.

Hay muchas alianzas internacionales entre despachos de abogados que no son fructíferas y se terminan deshaciendo. ¿Cuál es vuestra receta para conseguir y mantener un buen socio?

Transparencia, sinceridad y mucho trabajo conectado. Cuando uno tiene una alianza no se debe de olvidar que es un aliado, valga la redundancia. Lo que siempre tratamos es que haya un abogado conectado con el despacho de referencia. Así se trabaja mejor y se van engranando perfectamente los sistemas de trabajo entre unos y otros. El cliente también tiene la confianza de que nosotros estamos detrás, aunque operativamente esté el despacho francés o peruano con el asunto correspondiente. Invertimos mucho en capital humano en profundizar las relaciones.

En cuanto a la elección del socio, da la casualidad de que los abogados que están entrando en el bufete, casi todos, vienen de grandes despachos de firmas internacionales y los años de profesión les han hecho tener una perspectiva, un arte y unos contactos externos de los cuales se puede tirar. Siempre existe un nexo de unión con los despachos que nos aliamos: excompañeros del socio de turno, íntimos amigos de posgrados fuera de España…

¿La mejora económica de la que habla Rajoy comienza a sentirse ya en el sector de la abogacía?

Sí comienza a haber movimiento, aunque todavía no se vea en la calle. Creo, además, que la crisis ha ayudado para limpiar mucho el sector y para concienciar a las personas que contratan servicios jurídicos de que necesitan un despacho especializado. Así como si tengo problemas de corazón voy al cardiólogo y si son de pies, al podólogo. Pues si tengo problemas penales voy al penalista; si son civiles, al civilista; y si son mercantiles, al mercantilista. El concepto de abogado generalista empieza a difuminarse. Ahora necesitas una persona que sepa muy bien como funciona un procedimiento en un campo particular  y además que conozca y le conozcan en el juzgado de turno.

¿Es importante conocer y que te conozcan en el juzgado?

Hay un dicho americano que dice: “El buen abogado no es el que conoce la ley sino el que conoce al juzgado”. Y es verdad. Tienes que conocer cómo funciona, cómo tienes que operar, preguntar… Un recurso de casación en el Tribunal Supremo no tiene que ver nada con defenderlo en otro juzgado.

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