Los videojuegos son uno de los regalos estrella de las navidades y muchos niños recibirán la copia de su juego favorito durante estas fechas. Por este motivo, es importante que los padres sepan los riesgos a los que se pueden ver expuestos sus hijos al jugarlos y la forma de protegerles.

Para empezar, es importante conocer la clasificación PEGI (Pan European Game Information), que regula dos niveles de información sobre el videojuego. Miriam Montero, abogada de ARAG, explica que “el sistema PEGI nos informa de la edad recomendada a partir de la cual se debería jugar, así como los descriptores del contenido que, entre otras cosas, nos indican si hay violencia, sexo, lenguaje malsonante, apuestas o juego en línea”. Por lo tanto, esta clasificación permite escoger el juego adecuado a la edad del niño antes incluso de comprarlo. Además, existe la etiqueta PEGI Ok para portales web o videojuegos, que indica que es apto para todos los públicos.

La importancia y gran aceptación del juego online conlleva una serie de riesgos que no son exclusivos de los videojuegos, pero que pueden darse a través de ellos. “En juegos multijugadores, cooperativos o en los que permiten chats privados se debe informar a los menores de los riesgos que puede comportar relacionarse con los otros jugadores”, detalla Montero. Hay que explicarles que nunca deben revelar datos personales como nombres, teléfonos, contraseñas o enseñar y enviar fotografías. También debemos comentarles los posibles ciberdelitos con los que se pueden encontrar, para que sepan reconocer si se encuentran ante una situación de ciberacoso, grooming o sexting y cómo actuar llegado el caso.

Montero también recomienda vigilar las compras integradas dentro del juego, que son utilizadas para conseguir expansiones, vidas o armas para facilitar el progreso del jugador o incluso cambios estéticos de los personajes. “Para evitar que se hagan compras sin nuestro consentimiento, debemos restringirlas, limitando el gasto o pidiendo una autenticación con contraseña de los pagos”.

La mayoría de los dispositivos y videoconsolas contienen opciones de control parental que permiten regular los pagos en línea y el acceso a funcionalidades como chats y similares. Además, también pueden limitar o controlar el tipo de juegos a los que acceder, el tiempo que se pasa jugando e incluso separar usuarios para ejercer estas restricciones solo en algunos. Una buena utilización de estos controles por parte de los padres es la mejor manera de garantizar la seguridad de los menores.

Fuente: ARAG

 

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