Los abogados de los demandantes solicitaron a la juez que condene a Bankinter a indemnizar a los afectados con el 100% de lo invertido, o, de forma subsidiaria, con al menos el 88% de lo depositado, según la información proporcionada por Bankinter a un cliente sobre el valor de cotización que tenían los bonos comercializados a fecha de 12 de diciembre de 2008, últim0 día en el que se pudieron vender.

Los letrados de los perjudicados, de los despachos Zunzunegui y Jausas, pidieron a Bankinter una indemnización de entre una horquilla del 56,3% y el 58,8% del total invertido para los clientes que adquirieron bonos referenciados a los bancos islandeses Kaupthing Bank y Landsbanki, que también quebraron en septiembre de 2008.

El representante legal de Bankinter pidió la desestimación íntegra de la demanda y alegó que «espera que los demandantes recuperen su dinero en el transcurso del proceso concursal», que tramita el Tribunal Federal de Quiebras de Nueva York desde su declaración de insolvencia del 15 de septiembre de 2008.

El abogado de Bankinter, del bufete Ramón y Cajal, finalizó su escrito de conclusiones «lamentando que la quiebra haya causado perjuicio a los demandantes» y matizó que existe «una expectativa cierta de que los clientes recuperen una parte de la inversión en un futuro, aunque no se sabe cuándo».

Los letrados de los afectados consideraron «acreditado» que el banco llevó a cabo una estrategia comercial «indiscriminada», sin seguir el ‘Manual de Comercialización Interno’ elaborado por la propia entidad, que le llevó a incumplir su obligación previa de informar sobre el producto y de asesorar al cliente sobre la evolución de la cotización después de la firma del contrato.

El abogado de Bankinter defendió que los clientes «leyeron o debieron leer» las fichas de comercialización de los bonos de Lehman Brothers y rechazó «de plano» haber realizado asesoramiento continuado, dado que ningún cliente firmó un contrato para la prestación de este servicio. Respecto al manual, afirmó que su contenido era «meramente instrumental».

El letrado de la entidad financiera defendió que ni la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ni el Banco de España «cuestionaron que no se pudieran comercializar estos productos». Los demandantes mantienen que Bankinter no hizo llegar a los clientes el folleto sobre estos productos enviado a la CNMV, que «carecía de una descripción detallada» de las condiciones de contratación.

Los demandantes argumentaron que el banco estaba obligado a informar sobre la posible quiebra de Lehman Brothers a los inversores minoritarios y no sólo a los profesionales, ya que «lo que crea el pánico bancario es no suministrar información».

Bankinter argumentó que la quiebra del banco de inversión norteamericano y de los dos islandeses eran «totalmente imprevisibles» y que los clientes «invirtieron porque quisieron y el único responsable es el emisor».

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