Por Marisol Gálvez. Consultora de Comunicación

 

La internacionalización de las firmas jurídicas es ahora, más que nunca, un paso natural para un sector caracterizado por ser un socio estratégico de sus clientes.  La luz que el sector exterior proyecta en medio del túnel de la crisis, está llevando a gran parte de nuestras empresas a acometer modificaciones en su estrategia de negocio para incorporar en sus planes la vía exterior.

Lógico, por otra parte, porque al descenso de su actividad interior se suman las positivas noticias que llegan sobre el ‘otro lado’, el que está más allá de la zona euro, así como el fomento de las propuestas de actividades de internacionalización por parte de algunas instituciones profesionales y organismos de promoción exterior, tanto públicas como privadas. Ejemplo de ello son las jornadas de internacionalización de la abogacía que organizan conjuntamente el Consejo General de la Abogacía y el ICEX y que han pasado de periodicidad anual a semestral.

Este contexto está llevando a un cambio en el perfil de las empresas que apuestan por el exterior. Y si tradicionalmente, la aventura transnacional estaba vinculada a las grandes firmas y/o empresas, ahora está siendo acometida por despachos de menor tamaño. Es cierto que la dimensión puede favorecer el aterrizaje en otro país, pero no es menos cierto que el Derecho es una disciplina de carácter local y, que, independientemente de la facturación o del número de letrados, los despachos que se internacionalizan han de vivir un proceso semejante: el de buscar una firma de abogados que sea ‘similar’ a la propia, que permita establecer esa relación bilateral que haga prosperar las estrategias internacionales de nuestros clientes y, por tanto, la nuestra…

Y es, en este punto, cuando la cualificación técnica se presupone, donde la  personalidad y cultura corporativa (atributos, singularidades, creencias, modos de  proceder e interactuar) adquieren una importancia estratégica a la hora de establecer una relación bilateral fructífera.

Ser referido o referente, establecer una relación de cooperación profesional duradera es una cuestión de confianza y de conocimiento mutuo, máxime cuando hablamos de un ámbito transnacional. En este sentido, los encuentros y las jornadas profesionales, como la citada anteriormente, suponen un buena oportunidad para contactar con colegas e iniciar esta trayectoria; si bien,  esta oportunidad debería ser rentabilizada al máximo.

Asistir a un evento de carácter internacional, se celebre o no en nuestro país, requiere de una preparación previa que abarca desde la decisión sobre cuál será el profesional o los profesionales que van a representar al despacho hasta la forma en la que se ha de cuidar a los nuevos contactos; sin olvidar, por supuesto, el tipo de bufete que más se asemeje a la identidad de nuestra firma y el ‘discurso’ corporativo.

En definitiva, de lo que se trata es de trasladar nuestra esencia, comunicar persuadiendo, tejer una red y generar confianza. De tal forma que nuestra firma se deposite en la mente de esos colegas que preguntados por su cliente acerca de una recomendación, tras su “déjame que lo piense” se verbalice nuestro despacho.

 

 

 

1 Comentario

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.