El paciente había sufrido un accidente de tráfico en 1994 que obligó a someterle a una operación craneal que agravó su estado psiquiátrico con cambios de personalidad y tendencia depresiva y le provocó una invalidez permanente para trabajar.

Esta situación provocó que el paciente abusara del alcohol, abandonara su medicación y se decretara su ingreso contra su voluntad en el CHUAC con diagnóstico de fase hipomaniaca con trastorno bipolar, donde se le administraron sedantes que le provocaron una parada cardiorrespiratoria.

En este momento, la familia al observar sus síntomas y tras consultar opiniones médicas, solicitó que se le tratara de un síndrome neuroléptico maligno, ante lo que los responsables de la UCI del CHUAC se opusieron, por lo que la familia solicitó el alta y le trasladó al Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela donde finalmente se le trató por esta dolencia.

Aún así, al paciente le quedaron secuelas irreversibles que provocaron su calificación como inválido del 96 por ciento con necesidad de atención permanente por parte de terceras personas para todas las actividades básicas y tiene total incapacidad mental para tomar decisiones sobre sí mismo o sus bienes.

Ante lo ocurrido, el TSJG condenó al Servicio Galego de Saúde al pago de una indemnización 450.000 euros como indemnización de la totalidad de los daños y perjuicios causados, sin necesidad de que deban hacerse cargo de las costas al considerar que no hubo temeridad o mala fe por parte del Sergas.

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