José Fernando Merino Merchán es abogado, socio fundador del Despacho ‘Merino-Valenzuela’ y profesor de una de las materias sobre las que las facultades de Derecho todavía no han decidido apostar con demasiadas horas ni créditos: el arbitraje. Convencido de la importancia que tiene enseñar las técnicas de resolución alternativa de conflictos a los nuevos profesionales y de garantizar la interdisciplinariedad en la materia, Merino nos cuenta en esta entrevista,concedida a DIARIOJURIDICO,  qué rasgos debe cumplir un buen árbitro, cómo debe ser la formación en este ámbito y qué retos depara la profesión a los futuros profesionales de nuestro país.

El primer contacto que tuvo Merino con el mundo del Arbitraje fue de la mano del profesor Guasp, quién tuteló su primer trabajo sobre el tema cuando realizaba una beca de apoyo a la investigación del Ministerio de Educación y Ciencia. Más de treinta años después, Merino cuenta con décadas de ejercicio de la abogacía a sus espaldas, y con numerosos artículos y monografías publicados, tanto de arbitraje interno como internacional. Algunos de los más destacados son «El Estatuto del Árbitro y su responsabilidad» o el «Tratado de Derecho Arbitral», que Merino escribió como coautor con José Mª Chillón Medina y que está publicado, en su tercera edición, por la editorial Thomson-Civitas.

Merino, que es letrado excedente de las Cortes y del Consejo de Estado, ha ocupado numerosos cargos de importancia como el de Presidente de la Corte Arbitral Española, Presidente del Comité de Garantías de Asociación Europea de Arbitraje (AEADE) o Titular de la Cátedra de Derecho de Arbitraje de la Universidad Rey Juan Carlos, donde imparte clases como profesor titular en la actualidad. Este experto en resolución alternativa de conflictos es también Director del Curso de Derecho Arbitral de la Universidad Rey Juan Carlos, que este año cumple su VIII edición y participará como profesor en el III Curso de Arbitraje comercial de la Asociación Europea de Arbitraje (Aeade) que arrancará el próximo 22 de marzo en Madrid.

– ¿Podría resumirnos su trayectoria profesional volcada al mundo del arbitraje?

Después de iniciarme en el Arbitraje con el Profesor Guasp, mi posterior ingreso en la Telefónica como letrado me abrió las puertas al arbitraje internacional. Con esta experiencia elaboré el Tratado de Derecho Arbitral con el Profesor Chillón (Ed. Thomson Civitas), cuya 1ª edición data de 1978, a la que siguieron dos posteriores ediciones con las sucesivas adaptaciones a las leyes de arbitraje de 1988, 2003 y 2011.

A esta publicación le siguió el «Equivalente Jurisdiccional» (Ed. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales) al que el Tribunal Constitucional y el Centro de Estudios Constitucionales otorgaron el Premio Tomás y Valiente.

Al concluir el V Curso de Arbitraje que dirijo en la Universidad Rey Juan Carlos, se publicó la obra «Curso de Derecho Arbitral» (Ed. Tirant Lo Blanch) con los trabajos de los ponentes. En el año 2005 publiqué el libro «Estatuto y Responsabilidad del Arbitro» (Ed. Thomson Aranzadi); y de forma continuada vengo publicando artículos y monografias, tanto de arbitraje interno como internacional, que son las actividades en las que esta volcada mi profesión de árbitro.

– ¿Qué rasgos deben definir un programa formativo que quiera convertir o introducir a los abogados en el mundo del arbitraje?

Debe combinar el conocimiento de la legislación interna y los tratados internacionales básicos, con la formación práctica mediante el conocimiento y redacción de los documentos que conforman el expediente arbitral y el manejo de los «arrets» que han ido componiendo la «jurisprudencia» del arbitraje internacional. Esta formación requiere un cuadro de profesores interdisciplinar que cubran los campos de la enseñanza y la practica forense arbitral; pero debe matizarse que el arbitraje y la mediación no esta hoy limitado a los abogados, sino que se extiende a otras titulaciones como, ingenieros, economistas, arquitectos, etc., que pueden actuar como arbitros de equidad o mediadores.

– En un contexto de especialización de las Cortes arbitrales, ¿tienen también los árbitros que tender hacia la especialización? ¿Es bueno para el arbitraje las listas cerradas de árbitros?

Las cortes, que nacieron con un carácter genérico, han ido especializándose, o bien mediante tribunales arbitrales ad hoc para materias concretas, o bien creando secciones para atender el alto grado de especialización que exige el tratamiento de determinadas controversias. Este segundo camino es el seguido por la CCI, la Asociación Europea de Arbitraje y la Corte de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Madrid, entre otras.

No estoy totalmente de acuerdo con las listas cerradas de árbitros porque llevarían en principio a una endogamia perjudicial para la actividad arbitral, pues entiendo que, por su propia naturaleza, el arbitraje debe abrirse, con el necesario rigor, a todas las personas con ideas, conocimientos y experiencias de las que pueda enriquecerse la institución arbitral.

– ¿Qué opinión le merece eventos como Moot Madrid que pretenden introducir al joven estudiante de Derecho en el mundo arbitral?

Creo que es una excelente idea que yo mismo he practicado con mis estudiantes de licenciatura y grado, a los que en razón de su aprovechamiento y expediente académico, incorporo al Curso de Especialización de Arbitraje que dirijo, para que completen su formación con una materia que todavía no se imparte con la necesaria profundidad en los cursos regulares de licenciatura y grado.

– ¿Considera que ha llegado el momento que las Universidades tengan en cuenta el arbitraje y la mediación y lo incluyan en sus programas como asignatura? ¿Qué valoración nos puede hacer de la Cátedra de Arbitraje de la que usted es titular?

Es una propuesta que vengo postulando hace años para lograr que las universidades, especialmente en la formación jurídica, incorporen la asignatura de Arbitraje, Mediación y Conciliación, si no de forma troncal, sí al menos opcional, para la enseñanza de las técnicas de resolución alternativa de conflictos. La Universidad Rey Juan Carlos, a traves de su Instituto de Derecho Publico, ha sido pionera al haber creado la Cátedra de Arbitraje que lleva funcionando ya ininterrumpidamente VIII cursos académicos, en los que participan tanto alumnos como profesionales de variados medios, como la Administración pública, economistas, despachos profesionales, notarios, auditores, etc.

– ¿Cuáles son los rasgos de un buen árbitro? ¿Es sencilla la relación con los abogados de parte?

En el árbitro deben concurrir dos condiciones básicas de idoneidad en el mismo plano de importancia: Una óptima formación para resolver la controversia que se le encomienda, y la independencia personal, económica y profesional respecto a las partes en litigio. Estas dos cualidades imprescindibles, deben acompañarse del deber del árbitro de confidencialidad con respecto a todo el expediente arbitral, incluido el laudo.

Por lo que respecta a la relación con los abogados de parte, el árbitro no asume una posición de jerarquía respecto a ellos, sino que interviene como un colaborador para lograr la resolución más justa; como dato relevante hay que señalar que en el procedimiento arbitral, al no verse sometidas al rigor formalista de la Ley de Enjuiciameineto Civil, el acuerdo o transación entre las partes se logra con mayor frecuencia que en los procedimientos estatales.

– Como experto en arbitraje que es, ¿Hay mucha diferencia aún entre un arbitraje CCCI y otro español en cuanto a procedimientos y rasgos?

Cada vez son menores las diferencias, pero todavía se dan dos notas distintivas. En primer lugar, ante la CCI, no se fija, en principio, un plazo para dictar el laudo; y, en segundo lugar, el laudo no se considera dictado por los árbitros sino por la CCI, que es quien se reserva el derecho a hacer un examen de forma y fondo sobre el laudo.

– ¿Cómo valora que muchos de los cambios en el Reglamento de la CCI se centren en agilizar el proceso; reducir costes y dar mayores poderes a los árbitros? ¿Serán eficaces las sanciones que pueden implantar los propios árbitros?

Considero muy positiva la agilización del proceso, para evitar la dilaciones en la emisión de los laudos, y en este aspecto se aproxima la CCI a las legislaciones internas que han recepcionado ya la Ley Modelo de las Naciones Unidas. Lo mismo cabe decir respecto de la reducción de costes y ampliar los poderes de los árbitros. En cuanto a las sanciones, en todo proceso con garantías, requiere preservar éstas mediante las correspondientes sanciones, tipificadas y de aplicación restrictiva.

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