En octubre de 1997 nació la Universidad Internacional de Catalunya. Contaba con cerca de 400 estudiantes y con cinco facultades, entre ellas la de Derecho – llamada Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Hoy, 15 años después, el número de alumnos se ha multiplicado hasta 11 veces y alcanza los 4.500 estudiantes. Además, se han abierto nuevas facultades y titulaciones. “Hoy en día esto es una maravilla. Da gusto ver tanta gente por los pasillos. Cuando empezamos, todo era muy distinto”, dice Javier Junceda, actual decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas.

Él ha vivido en primera persona el proceso de expansión de la facultad. Llegó a Barcelona después de pasar por Oviedo y Valladolid y con la tesis doctoral recién defendida. Se incorporó al departamento de Derecho administrativo en el año 99 – pues la asignatura se cursa a partir del tercer curso – y hace poco más de un año pasó a ser Decano de la facultad. “Quiero devolver a las familias la inversión que económicamente hacen en estos tiempos tan delicados en calidad y excelencia. Esa es mi obsesión”, asegura Junceda, que defiende que en esta universidad los profesores combinan el estudio teórico del derecho con la práctica. “Ese es nuestro valor añadido. Conocemos la música y la letra”. Él mismo, de hecho, es un buen ejemplo de ello. Combina la docencia con un despacho propio, Junceda Abogados, al que él llama “boutique legal”.
A pesar de encontrarse en un momento dulce, asegura que ha habido momentos difíciles y años de poca matriculación. “Ahí podías llegar a dudar de si el proyecto saldría adelante”.

Ahora, sin embargo, la facultad de derecho alcanza los 250 estudiantes, una cifra positiva teniendo en cuenta que una de las políticas de la UIC es que no se superen los 80 alumnos. Según argumenta Junceda “no queremos ser una universidad de masas. Queremos ser una universidad en la que podamos conocer al alumno, saber qué le pasa, cómo se llama”.

Junceda afronta esta nueva etapa al frente de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UIC “Sé que hay cosas a mejorar y quiero que los profesores me las digan. Vamos bien, hemos mejorado, pero no me interesa saber lo que funciona. Queremos más”. En un sector tan competitivo como puede ser el de la uniersidad, y más teniendo en cuenta que la licenciatura o grado en Derecho se estudia en la mayoría de ellas, Junceda apuesta por la formación contínua, la internacionalización y la combinación de la teoría y la práctica como valores añadidos. Asegura, sin embargo, que la clave del éxito sigue siendo la misma que hace años “trabajo y esfuerzo”.

¿Por qué tomó la decisión de venir aquí?

Cuando estaba en la universidad de Valladolid me dijeron que se había creado una universidad en Barcelona, que estaban creando el departamento de derecho administrativo y que si me interesaría ir. Yo vine a verlo. Recuerdo perfectamente aquel día. Junio del 99. Esto no tiene nada que ver con lo que es ahora, entonces no había gente por los pasillos. Hoy en día esto es una maravilla.

Y como todas las cosas que empiezan, tienes la duda de si van a salir o no adelante. Pero había gente detrás muy seria, que me hizo que me decidiera a dar el paso. Me encontré además con un grupo inicial en la universidad fantástico. En 15 años creo que nos hemos colocado en una situación muy buena. Obviamente en el camino ha habido problemas, porque hubo años de muy poca matriculación, donde había un riesgo real de que la titulación saliera adelante. Y aunque es una fundación quien lo mantiene tiene que ser sostenible.

Cuál es el valor añadido de esta Universidad respecto a otras?

La combinación de la teoría y la práctica. Yo no sé si se podrá ser catedrático de ginecología sin atender un parto, no lo se. Desde luego preferiría que a mí me explicara la ginecología un catedrático que haya atendido partos. Este mismo ejemplo lo llevo al mundo del derecho. El aporte que se da por parte de un abogado a un alumno de derecho no es lo mismo que te lo dé una persona que sepa la letra y no la música o al revés. Lo que aquí tenemos como valor añadido es que nuestros profesores en un 90 por ciento saben la letra y la música. Son gente que frecuenta el foro y se dedica a investigar. Yo he escuchado durante mucho tiempo que la universidad no era el sitio de formar abogados. Y no estoy de acuerdo.

Nosotros no queremos crear tramitadores, queremos crear juristas, entre ellos obviamente abogados. Para ser tramitador no se necesita hacer la carrera de derecho. Lo que nosotros queremos son juristas.

¿Alguno más?

La UIC tiene el 95 de inserción laboral. Tenemos unos índices de empleabilidad altísimos en las principales firmas de Barcelona. Yo diría que todas ellas participan en programas formativos.

Otro elemento adicional es la formación contínua. Tenemos semanalmente actividades de primer nivel.
Por ejemplo, el año pasado vinieron 2 magistrados de la sala de lo civil del Tribunal Supremo. Y la semana pasada, sin ir más lejos, tuvimos a 30 magistrados brasileños que vinieron a formarse en tema de derecho ambiental, y yo sé que pagaron sus viajes y su estancia para venir aquí. Y eso estaba abierto también a alumnos que quisieran asistir. Yo no sé si eso otras facultades lo tienen. Permítame que en ese sentido saque pecho.

Y después hay un elemento muy importante para nosotros que es la internacionalidad.
Con Iberoamérica, por ejemplo, tenemos muchos convenios abiertos y nosotros lo queremos cuidar.

¿Cuáles son los objetivos que se marca como decano?

Mi obsesión es devolver a las familias la inversión que hacen económicamente en estos tiempos tan delicados en calidad y excelencia. Esa es mi obsesión. Para conseguirlo lo que hacemos es: tener un plan docente que no hay universidad de derecho en el mundo mundial que lo pueda superar. Lo pueden igualar pero no superar.

Nosotros tenemos magistrados de primer nivel, magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, que publican en las principales revistas y que han estado en las más altas magistraturas, y tenemos abogados de primer nivel.
Y además hay otro elemento fundamental, que es el trabajo. Al final lo que defendemos son fórmulas clásicas.
La universidad es medieval, y ha ido cambiando en muchas cosas, pero en lo que no ha cambiado es que no existen las loterías. Existe el trabajo y el esfuerzo.

Es un momento de cambio con la actual ley de acceso a la abogacía. ¿Cómo ha sido este proceso?

Ha supuesto un notable perjuicio a las universidades, porque cuando ya estábamos con la programación de los másters desarrollada, con la idea de una obligatoriedad, con la preparación que eso implica, resultó que no era obligatorio. Y claro, nosotros hemos tenido que hacer una inversión previa de materiales, casos, etc.

Yo creo que la ley de acceso nos ha encontrado a las universidades un poco a contrapié. Hay un término en derecho que es el de la confianza legítima, la buena fe. La administración cuando cambia de la noche a la mañana el marco regulatorio debe indemnizar si provoca daños. No sé si alguna universidad lo reclamará a través de esta vía, pero no parece razonable cómo se ha actuado.
Dicho esto, estamos preparados para este máster, de hecho hemos recibido una valoración muy positiva del ente verificador, y tenemos un máster oficial perfectamente dispuesto.

Respecto a Bolonia, nosotros no hemos tenido demasiados problemas. Desde el primer momento hemos llevado a cabo en nuestras aulas lo que se dice en Bolonia, que es un elemento de participación del alumno en el día a día, es el método de formación contínua. Es un guante que se pone en nuestra mano y que encaja perfectamente.

No hemos tenido que hacer ningún cambio porque ya veníamos desarrollando desde el inicio este modelo participativo que contempla Bolonia.

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