Por Jorge Richter Echevarria,  Abogado   

 

La ley de competencia desleal, después de la reforma introducida por la ley 29/2009 de 30 de diciembre, regula en los artículos 5 a 18 las figuras típicas de competencia desleal.

Por su parte el articulo 4 prevee una clausula general de competencia desleal por un comportamiento que resulte objetivamente contrario a la buena fe.

Es corriente que en este tipo de procedimientos  se mezcle el articulo 4 (antiguo articulo 5) con las figuras típicas recogidas en los otros artículos de la Ley, a lo que el Tribunal Supremo ha indicado que la clausula general no puede servir para sancionar como desleales conductas que debieran ser confrontadas con alguno de los tipos específicos contenidos en otros preceptos de la propia Ley.

Brevemente voy a hacer referencia a los actos de confusión y denigración que suelen ser bastante frecuentes, y pueden perjudicar gravemente a consumidores y a empresas competidóras.

El artículo 6 de la Ley, tipifica como ilícitos los actos de confusión, y establece:

Se considera desleal todo comportamiento que resulte idóneo para crear confusión con la actividad, las prestaciones o el establecimiento ajenos.

El riesgo de asociación por parte de los consumidores respecto de la procedencia de la prestación es suficiente para fundamentar la deslealtad de una práctica

Esto ha de ser analizado, como cualquier otro ilícito concurrencial, desde la doble perspectiva de tutela del empresario concurrente, y del usuario o consumidor.

Tiene que ser susceptible de generar, indudablemente, incertidumbre y confusión en los consumidores.

En este sentido, ha señalado la doctrina especializada que ha comentado el artículo 6, que  la deslealtad de la confusión no es necesariamente consecuencia del aprovechamiento del buen nombre de otro para captar clientes, sino de la introducción en el proceso de comunicación con la clientela de elementos que son adecuados para determinar sus decisiones en el mercado, fundadas en una falsa o incorrecta representación de la realidad acerca de la identidad o procedencia empresarial o profesional de las prestaciones.

Como indica la Sentencia de la AP de La Coruña, Sección 4ª, 2 de Abril de 2012 el ilícito de deslealtad concurrencial es un ilícito de peligro, no se exige necesariamente la prueba completa de una confusión real, sino sólo que la conducta realizada tenga aptitud para generar confusión.

 

El consumidor debe estar en condiciones de realizar su elección libre y consciente cuando solicita el servicio, sobre la base de una situación clara y de transparencia en el mercado sobre el origen profesional o empresarial de las prestaciones de servicios ofertadas.

 

La misma Sentencia de la AP de la Coruña indica que “se trata de hacer, simplemente, lo que la doctrina denomina un «juicio de confundibilidad», según reglas o máximas de experiencia  que, en nuestro caso arroja un resultado positivo, según la valoración conjunta de todo el material probatorio aportado”.

 

En definitiva, pretende proteger el mercado evitando que el consumidor tome sus decisiones con una conciencia viciada por error sobre el producto, o su origen empresarial ( STS 30 de junio de 2009 ), defiende el buen funcionamiento del mercado mediante la represión de actos que son aptos para eliminar o reducir la decisión del consumidor, colocado en la posición de tener que responder a las ofertas que recibe con una voluntad viciada por confusión -estricta y amplia-, esto es, por un error sobre la procedencia del producto ofertado ( STS 19 de mayo de 2008 ).

 

Por otro lado, y en relación con lo anterior, hay que tener en cuenta que  los mensajes publicitarios han de ser calificados como desleales por la impresión que causan en los destinatarios en su conjunto, no tanto por la intención de quienes los difunden, y es necesario, previamente, identificar al tipo o categoría de destinatario a que alcanza, para precisar la interpretación que éstos dan al mismo, rechazando criterios estrictamente literales o gramaticales.

 

Ante supuestos de publicidad engañosa, esta va unida, en  ocasiones, a actos denigrantes para otro competidor.

 

El artículo 9 de la Ley de Competencia desleal en su párrafo primero indica:

Se considera desleal la realización o difusión de manifestaciones sobre la actividad, las prestaciones, el establecimiento o las relaciones mercantiles de un tercero que sean aptas para menoscabar su crédito en el mercado, a no ser que sean exactas, verdaderas y pertinentes.

Es esencial para poder hablar de actos de denigración que la manifestación sobre la actividad, prestaciones, el establecimiento o relaciones mercantiles de un tercero, sean aptas para menoscabar su crédito en el mercado.
Sin embargo, no hay que olvidar que, en ciertos casos, prácticas concurrenciales incómodas para los competidores, o determinadas exageraciones que tienen como única finalidad llevar al ánimo del consumidor la excelencia o superioridad de un determinado producto sobre los demás, no por eso  pueden ser calificadas necesariamente de desleales. Así lo viene a indicar la sentencia de la AP Navarra, de 9 de Julio de 2002.

 

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