Por Pablo Uribe. Dpto Tercer Sector BDO España

Desde que en mayo de 2010 el presidente de gobierno José Luis Rodríguez Zapatero anunciara las primeras medidas de austeridad de la crisis económica, una sucesión de recortes al presupuesto público han tenido lugar en la práctica totalidad de sectores y en todos los niveles de la administración. Los fondos asignados a la cooperación al desarrollo, lejos de ser la excepción, han soportado de manera muy significativa el esfuerzo de austeridad fiscal emprendido tanto en la pasada legislatura como en la actual.

Entre los recortes más significativos figura la reducción del 71% en el presupuesto de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) para el ejercicio actual. Asimismo, el cómputo de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) como porcentaje del PIB se queda en el 0,23%, lejos del famoso compromiso de llegar al 0,7%.

Desde los ámbitos de responsabilidad política y de determinados círculos ciudadanos, este tipo de medidas se justifican –en muchos casos a pesar de la convicción- con un razonamiento que parece tener de su lado toda la fuerza del sentido común y la lógica: La situación económica en España es de tal gravedad que no podemos permitirnos ayudar a otros. O en otras palabras, si nos vemos obligados a recortar nuestros servicios públicos, ¿por qué mantener intactos aquellos servicios (en muchos casos de similar naturaleza) que nuestro sector público contribuye a financiar fuera de nuestras fronteras? Rebatir tal argumento – cosa que no es el propósito de este artículo- no es tarea fácil.

Pero es importante dar a conocer algunas de las posiciones que desde el sector de la cooperación al desarrollo señalan las consecuencias de estas medidas y denuncian la magnitud y desproporción del tijeretazo a los fondos de la ayuda:

  • Los recortes en la cooperación nos alejan de la práctica de los países de nuestro entorno. En abril del presente año, la Comisión Europea instaba a los estados miembros “a reafirmar su compromiso para alcanzar el objetivo de aumentar la ayuda oficial al desarrollo hasta el 0,7 por ciento del PIB de la UE en 2015?. De igual manera, países como Reino Unido y Francia han incrementado su AOD, incluso Irlanda, cuya economía ha sido rescatada, presenta una disminución proporcionalmente muy inferior a la que ha acometido el Gobierno de España.
  • La reducción de los fondos de la cooperación implican necesariamente el incumplimiento de compromisos internacionales adquiridos por España. Desde el punto de vista del papel que se esperaría que España ocupe en la escena internacional y el posicionamiento de la “marca país”, este incumplimiento contribuiría a extender la imagen de país “poco fiable” y de inseguridad jurídica. En otras palabras, una merma del capital político internacional de nuestro país.
  • Contrariamente a una visión relativamente extendida de que la ayuda internacional es un gasto superfluo, está mal gestionada o es objeto de prácticas corruptas, una aproximación rigurosa al tema hace difícilmente sostenible este estigma. La última evaluación del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (organismo que evalúa los sistemas nacionales de cooperación) destaca los notables avances en la calidad de la ayuda española.
  • La cooperación al desarrollo tiene un amplio apoyo por parte de la opinión pública española. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, el 67% de los españoles es favorable a este tipo de políticas “a pesar del coste económico que ello suponga”.
  • Los recortes en la cooperación tendrán un impacto real en la vida de millones de personas en el mundo que dependen de la ayuda para atender sus necesidades más básicas.
  • El sector en España se verá abocado a la destrucción de un importante número de puestos de trabajo.

Sin ánimo de hacer de la necesidad virtud, la actual situación inducirá a los diferentes actores del sistema a procurar “hacer más con menos”. No obstante, la magnitud de los recortes afectará componentes medulares de las políticas de ayuda y, por tanto, a su impacto. La reflexión en torno a los aspectos aquí expuestos en un escenario de recuperación económica, será clave para revertir el retroceso de una política que sin lugar a dudas es buena para España y para el mundo.

 

 

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