Por Alicia Monsalve, abogada de Corporate/M&A en ECIJA

 

Hace escasas dos semanas leía con expectación una interesante noticia publicada en el Financial Times, que anunciaba que la entidad supervisora en Reino Unido, The Financial Services Authority, se había hecho eco finalmente de las últimas demandas del sector bancario en la “city” londinense, accediendo a relajar los requisitos mínimos de capital para nuevos préstamos, de forma que de facto habría empezado a permitir a los bancos ingleses que sus reservas de capital lo fuesen en términos absolutos en vez de tener que dotar el 10% como capital de alta calidad.

La demanda del “lobby” bancario inglés es muy simple, una regulación excesivamente ambiciosa impide a los bancos prestar el dinero a la economía real. Visto lo visto, parece que el miedo a una doble recesión en Reino Unido ha pesado más sobre los hombros del regulador británico que el riesgo de soportar nuevas insolvencias bancarias.

Este cambio de criterio parece que también ha tenido acogida en el seno de la Autoridad Bancaria Europea (EAB) que se está planteando que los requisitos de capital principal se relajen en cuanto a su composición, siempre y cuando las entidades bancarias no distribuyan beneficios entre sus accionistas. Por otro lado, iniciativas similares podrían ser tratadas a nivel mundial a finales de diciembre, fecha en la que los reguladores valorarían una modificación de las condiciones actuales de liquidez del sector bancario con motivo de la inminente entrada en vigor de Basilea III.

En nuestro país sin embargo, parece que este debate tan siquiera ha trascendido, a pesar de que los sucesivos Reales Decretos de reforma del sistema financiero dictados por el Gobierno durante este año han incrementado el capital principal hasta en un 9%, con efectos a partir del 1 de enero de 2013. Mayor sorpresa puede causar el hecho de que la regulación española se adelante incluso a la entrada en vigor de Basilea III, cuya implementación ni siquiera está prevista de forma inmediata sino progresiva.

Precisamente, si el objeto de la reforma financiera es “el reforzamiento y saneamiento de nuestro sistema” para que fluya el crédito y para que la economía de nuestro país se active, bien podría pensarse que incrementar los requisitos de capital podría tener el efecto contrario. Una cosa es que las entidades bancarias saneen sus cuentas y saquen de sus balances los activos sobrevalorados por el “boom inmobiliario”, lo cual parece más que conveniente, y otra bien distinta es que los bancos tengan que dotarse de una cifra de capital que les impida prestar dinero a gran parte de la sociedad, finalidad que debería ser prioritaria.

Mal que nos pese, el hecho de que un banco haya aumentado su capital para cumplir los requerimientos de su regulador nunca ha evitado situaciones de posible insolvencia transitoria o permanente ante una crisis económica, dato no sólo contrastado históricamente sino publicado por autores como Kindelberger[1]. Por otro lado, estudios como los llevados a cabo por Barrel[2] han puesto de manifiesto que para que las entidades financieras fueran lo suficientemente robustas ante situaciones como la actual, el nivel de capital propio y liquidez que deberían tener sería tal que no podrían prestar dinero a la sociedad simplemente porque no dispondrían de él.

Siendo esto así, podríamos afirmar que exigir a la banca mayores requisitos de capital lo único que puede hacer es empeorar la actual situación de falta de fluidez del crédito en España, todo ello sin perjuicio de que otras medidas de saneamiento de las entidades bancarias sean convenientes.

Medidas alternativas al incremento de capital podemos encontrarlas en informes como el De Larosière[3] que en el seno de la EU y tras el inicio de la crisis ya vino a sugerir precisamente que los requisitos de capital fueran anti cíclicos, esto es, que se exigiese a la banca un mayor esfuerzo de concentración de capital en época de bonanza, y que se rebajase la presión en época de crisis.

No obstante, quizás una medida igualmente interesante sería que todas las entidades que recibiesen fondos a través del FROB se comprometiesen a facilitar el crédito hasta una determinada cuantía a quienes cumplieses con determinados parámetros crediticios de aceptada solvencia. Igualmente, la supervisión de la gestión y el destino del capital recibido por parte de estas entidades, así como una exigencia de mayor transparencia tras recibir dicho capital podría contribuir a la fluidez del crédito.

Sea como fuere, es sólo cuestión de tiempo valorar si, efectivamente, la reforma bancaria, tal y como ya ha sido aprobada, va a contribuir al deseado objetivo de que el crédito vuelva a fluir en España.

 


[1] Charles Kindleberger, Manias, panics and crashes, (The Macmillan Press Ltd, Second Edition 1989) ISBN 0-333-52188-9.

[2] J Barrel et al., “Was the subprime crisis unique? An analysis of the factors that help predict banking crises in OECD countries” (2010). National Institute of Economic and Social Research Discussion Paper No. 363 <http://www.niesr.ac.uk/pdf/150910_145415.pdf> accessed 15 December 2011, 1-23.

[3] Jacques De Larosière et al., “The De Larosière Report” (2009), The High Level Group on Financial Supervision in the EU <http://ec.europa.eu/internal_market/finances/docs/de_larosiere_report_en.pdf> accessed 20 December 2011, 6

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