Sanchez DiegoLa abdicación del Rey Juan Carlos I ha supuesto una conmoción política en nuestro país. La izquierda más allá del PSOE ha aprovechado la ocasión para inundar las plazas de banderas republicanas y demandar un referéndum sobre el modelo de Estado. Desde los despachos de la derecha se defiende un referéndum para legitimar al nuevo monarca: ahora la monarquía puede ganar el referéndum, más adelante no se sabe.

Desde una perspectiva puramente técnica no es necesario ningún referéndum. Tampoco es admisible la afirmación que la monarquía parlamentaria constitucional no es una auténtica democracia. Tan democrática es una república parlamentaria como una monarquía parlamentaria. Es más, existe más identidad entre estos sistemas políticos que entre una república parlamentaria y una república presidencialista. El hecho de elegir o no elegir a determinados cargos, no añade un plus de democracia. ¿Es más demócrata un sistema en el que los jueces se eligen –el norteamericano- que otro en el que se acceda a la carrera judicial por mérito y capacidad –España? Desde luego la calidad democrática de España es muy superior a alguna República presidencialista en las que el “Presidente” ha borrado de un plumazo la división de poderes y mantiene una constante represión contra la oposición.

Podemos observar un cierto complejo a la hora de defender a la institución monárquica. Hay que decir con claridad que el pueblo ya decidió cuando se aprobó la Constitución Española. Allí se estableció una monarquía parlamentaria en la que el Rey reina, pero no gobierna.

Parece olvidarse o, no se quiere decir, cual es el proceso para que España deje de ser una monarquía y pase a ser una república. De nuevo el desconocimiento o la manipulación son las dos explicaciones plausibles. Cambiar una monarquía parlamentaria por una aún indefinida república, necesita de una reforma constitucional agravada del artículo 168 de la Constitución. Esta reforma exige la aprobación por parte de 2/3 del Congreso de los Diputados, la aprobación por 2/3 del Senado, la disolución de las Cortes Generales, la celebración de elecciones generales, la aprobación por cada una de las dos nuevas cámaras legislativas, también por mayoría cualificada de 2/3 y, finalmente, la celebración de un referéndum. Ese referéndum es el que tiene validez, cualquier otra consulta sería meramente consultiva en los términos establecidos en el artículo 92 de nuestra Carta Magna.

Además eso de decirle a la gente que tenemos derecho a elegir a nuestro Jefe del Estado, parece algo demagógico. ¿Quién creen ustedes que sería el hipotético Presidente de la III República española? Sí, no se rompan la cabeza: habría sido quien el PP o el PSOE hubiesen designado, lo cual deja muy limitada la elección por parte del pueblo.

Quizás deberíamos afrontar desde la racionalidad y sin apasionamiento este tema. ¿Qué conviene a España en estos momentos? Podemos estar de acuerdo con el enfoque que considera la monarquía como una anomalía histórica, pero lo cierto es que en Europa hay 10 monarquías parlamentarias y que la institución en España está funcionando bien –con todos los errores y matices‑  y, “si la cosa funciona…” ¿Por qué cambiarla? Lo cierto es que la Monarquía en nuestro país ha aportado estabilidad y  ha actuado como una referencia a nivel internacional, pues todo el mundo sabe quién es el Rey de España y se desconoce quiénes son los Presidentes de las Repúblicas de Alemania, Portugal… Una monarquía presenta una indudable ventaja si se trata de una persona conocida y reconocida a nivel internacional. Incluso este reconocimiento se traduce en contactos y contratos para las empresas de nuestro país.

La otra función del Jefe del Estado consiste en arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones. Aquí también existe una situación de ventaja de un monarca sobre un presidente de república. La independencia y situación apolítica del Rey juega a favor de esa función de moderación y arbitraje. Un presidente de la república parte de una adscripción partidista y, por tanto con una capacidad de mediación muy comprometida. Incluso puede producirse una tensión entre Presidente de la República y Primer Ministro, con grave quebranto de las relaciones institucionales, tal y como ha ocurrido en Rumanía desde el 2007.

Existen en nuestro país otros problemas más importantes, alguno de los cuales exige un ajuste constitucional: transparencia, participación, democratización de los partidos políticos, reencuentro entre ciudadanos y políticos, Justicia más justa y rápida, control de los monopolios u oligopolios, el independentismo, una organización territorial más eficaz y eficiente al servicio de todos los ciudadanos… esas sí que son las asignaturas pendientes de nuestra democracia.

Manuel Sánchez de Diego Frdez. de la Riva, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense de Madrid

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19 Comentarios

  1. Gracias al rey «rico», tan criticado últimamente por la sociedad, tenemos una democracia; gracias a ese rey «rico» podemos luchar por nuestros derechos; ese rey «rico» ha situado a España en la élite mundial; ese rey «rico» evitó un golpe de estado…. No estoy diciendo que se elija la monarquía contra la propia voluntad de cada uno, simplemente digo que la gente no debería usar esos dobles raseros menoscabando lo que ha sido una de las más grandes figuras de nuestra democracia, porque al igual que hay monarquías malas hay repúblicas malas, pero claro, de eso ni mu…. Berlusconi un santo! Sarkozy más todavía! Obama, ese que «apenas se le critica», otro más!!! Pero desde luego el país se va a pique porque nuestro rey tiene una fortuna opaca… se sobrecarga de información errónea a las personas; la gran mayoría (no todas) no tienen en cuenta muchos de los aspectos aquí mencionados y no saben, realmente, como afectaría el cambio de una monarquía a una república; deberían propagarse más artículos de este estilo para que la gente viese objetivamente los cambios que supondría, pero la gran mayoría de artículos que se encuentran por la red sobre este tema son muy poco objetivos, incluso demagogos, en los que desde luego se habla mucho de los últimos escándalos acontecidos en la Casa Real y en los que se se menosprecia lo que a sido en realidad la figura del Rey y la importancia que tuvo en la transición a la democracia; al cabo es lo que la gente quiere, sea república o monarquía, la gente quiere democracia y es algo que tenemos gracias a nuestro Rey.

  2. A lo largo de estos días he observado en los medios el alzamiento de la izquierda en numerosas manifestaciones reclamando una república tras la abdicación del Rey y me he preguntado constantemente ¿Por qué?, ¿Qué daño ha causado el Rey a España?, ¿Por qué ese odio?
    Primero, pienso honestamente que la demanda de una república se hace por simple inercia. Como mencioné en mi último comentario no importa el contenido de la protesta que las banderas republicanas ahí estarán. Por lo tanto este tipo de comportamientos restan credibilidad en las peticiones de la izquierda.
    En segundo lugar, existe el anhelo de tiempos pasados. La derrota aún pesa y el fracaso de las repúblicas anteriores en España aún no es aceptado. Además si tuviera la certeza en esta teoría, aquellos que se manifiestan deberían recordar que ya no hay colores en la sociedad actual, ni rojos, ni azules ni, naranjas.
    La aparición de Pablo Iglesias y su utópico programa ha creado falsas expectativas a los ciudadanos como “podemos” “nada es imposible”. Este tipo de mensajes desvirtúan la realidad y empujan a los ciudadanos a demandar cualquier cosa, en la mayoría de los casos con el desconocimiento del trasfondo de esa petición.
    Estoy casi segura que el 80% de estos demandantes desconocen el procedimiento de la reforma 168 de la Constitución, como bien ha explicado usted, así como que no es el pueblo quien designa al presidente de la república.
    El Rey Don Juan Carlos fue la figura imprescindible de la transición a la democracia que actualmente gozamos. La agenda de contactos internacionales que posee es incomparable y ésta será heredada por su hijo. Si es cierto que algunos miembros de la familia real no han sido oportunos en sus acciones, pero con esta abdicación serán excluidos de la corona.
    Considero de gran importancia la situación apolítica del Rey. Si el supuesto presidente de la República no tuviera una ideología izquierdista, no quiero pensar lo que ocurriría.
    Me parecieron muy significativas las declaraciones de Ángela Merkel sobre la abdicación, destacando “el muy importante papel en la transición Española” y su “increíble contribución» a las relaciones con Alemania. No lo debió hacer muy mal para que estas palabras sean mencionadas por la mujer más poderosa del mundo, según la revista Forbes.
    Así por lo tanto creo que la mayoría de los Españoles tienen estima sobre la figura del Rey y no necesitan manifestarse en lugares públicos para expresarlo. España está en buenas manos con el Príncipe Felipe por la gran formación que posee, que dudo que se pueda comparar con la de cualquier aspirante a Presidente de las III República.

  3. (ESTRUCTURA GRUPO R)
    Es un tema que se esta complicando mucho más de lo que se debería pues, como se ha expuesto en esta entrada, llevar a cabo un referedum para acabar con la monarquía e instaurar la III República no es tan fácil como parece y la mayoría del pueblo no conoce lo que ello conlleva y el tiempo que tardaría en llevarse a cabo.

    Yo opino que ciertos partidos lo están pidiendo ahora ante la posibilidad de ganar las elecciones en un futuro, pues si ellos estuviesen en el poder en ese momento quizás no lo propondrían ante la perspectiva de poder perder ante unas nuevas elecciones.
    Se informa al pueblo de lo que interesa y se deja que la información y la petición de referum corra como la polvora entre la masa, cuando no saben que procedimiento hay que llevarse a cabo y cuales serian las consecuencias reales.
    Siempre se nos vende una idea idealizada de la Republica, pero se ha demostrado que en las ocasiones anteriores no ha funcionado, siendo el propio presidente de la II República quien disolvió las Cortes en su época y dió paso al rey. Añadiendo a esta puntualización algo de lo que la gente no se preocupa, pero ¿quién nos representaría llegado el momento? ¿Quién es un buen presidente de la República? No estamos preparados, puede que mentalizados esperando un cambio que nos saque de esta crisis y de esta situación, pero la abdicación repentina del Rey no va a ayudar a que salga un modelo de gobierno nuevo y sano, lo que provocaría el Referemdum es una aceleración innecesaria del proceso que a la larga puede hacer más daño del que agora se cree. Pues siempre se ha pedido un III República, pero nadie ha comenzado un proceso de preparación para que, llegado el momento, se diera con éxito el funcionamiento de diche República.

  4. Tal vez un buen momento para dar respuesta a las cuestiones pendientes, que menciona el Profesor Sánchez de Diego en su artículo, sería a finales del próximo año, cuando a los españoles con derecho a voto se nos llame para acudir a las urnas y manifestar nuestro dictamen. No se me ocurre un momento mejor que el precedente a unas elecciones generales para acometer las tan necesarias reformas que precisa nuestra Constitución.

    Por otro lado, considero que es justo reconocer la labor del Rey tanto a escala internacional como a nivel doméstico en momentos clave para la historia reciente de nuestro país. Como también lo es, el admitir que abdicar también es una opción a tener en cuenta, quizá la menos mala de todas dada la pésima imagen que ha dado la Corona en los últimos años. Más aún cuando los ciudadanos de a pie hemos visto pasmosamente como el aforamiento se ha convertido en un privilegio medieval, constatado tras las declaraciones de la (que dejará de ser) Infanta Cristina en los Juzgados de Palma.

    Tampoco hay que olvidar la brusquedad con la que emprendió la Segunda República las transformaciones sociales que cogieron a medio país con el pie cambiado. Necesitamos una renovación profunda y progresiva de las Instituciones, los partidos políticos, los sindicatos, el modelo económico y también de la Monarquía.

    Dicen que el Príncipe Felipe será el Rey mejor formado de nuestra Historia. Lo deseable sería que pusiera toda esa preparación al servicio de los ciudadanos, llevase el rumbo del país hacia buen puerto y alentase a los aludidos a apostar por el cambio y la renovación.

  5. Comienza junio. Una época trascendental en el año para miles de estudiantes, que han pasado mayo con la nariz metida a ratos en los libros y a ratos en la actualidad : las elecciones al Parlamento Europeo, la debacle electoral de los dos partidos mayoritarios en éstas ( aunque los medios estén incidiendo más en la caída del PSOE ), la irrupción de un partido nuevo, PODEMOS, en el panorama político de nuestro país…Y de repente, la que algunos califican “noticia de la década”: la abdicación del Rey, Juan Carlos I, y la subida al trono de su sucesor, el actual Príncipe de Asturias, que tendrá lugar este mes, previa entrada en vigor de la ley orgánica que regule todo el proceso.

    Coincido plenamente con la afirmación de que en la discusión sobre monarquía o república ostenta más protagonismo el corazón que la razón, pero este país es muy de salir a tomar las calles, ya sea porque gana su equipo de fútbol, como ocurre en la actualidad, ya sea para amotinarse como hicieron los buenos ciudadanos de Aranjuez allá por el 1808 y colocar a un rey en el trono que tuvo nefastas consecuencias. Tenemos muy poca formación política, yo diría que nula, y es una de las cosas que más me ha gustado de estudiar este año la asignatura de Derecho Constitucional y estructura del Estado, por fin me he enterado de cuestiones de vital importancia para nosotros, la ciudadanía, cosas que desconocía y que deberían ser como el ABC del ciudadano de a pie. ¿ De qué vale quejarse a gritos, que si monarquía, que si república, cuando ni siquiera eres consciente de lo que dice la Constitución Española, y lo que ésta significa ( algunos desconocen a todas luces el verdadero significado de la palabra “república”)? ¿Si ni siquiera sabes la importancia que tiene votar en unas elecciones? ¿Si desconoces el funcionamiento de las Cámaras, y su significado?

    También creo que decir que una monarquía parlamentaria no es una democracia, es una salida de tono. Nuestra monarquía parlamentaria, nos guste o no, es una democracia como Noruega, Suecia o Inglaterra. Pero si creo que nuestra monarquía, nos vino impuesta en un momento especialmente delicado en el que el consenso era de vital importancia.La monarquía venía incluida, si se me permite la expresión, en el “paquete completo” de la transición; fue un compromiso al que las fuerzas políticas de todo signo hubieron de someterse para permitir la transición a un régimen democrático y evitar la confrontación social. No es necesario recordar cuál era la situación social y política a la muerte de Franco; que fue quien, por cierto, vino a establecer tanto la monarquía como quien había de encarnarla..

    Puede y debe, por ello, volver a someterse a la decisión de los ciudadanos – ya por vía de referéndum ya por vía de representación política tras un debate serio y madurado en la opinión pública-. Opinión pública que merece estar mejor formada políticamente hablando. Lo que no creo que deba hacerse es bloquear el debate antes de que se desarrolle con el solo argumento de que eso fue ya decidido democráticamente. Y ciertamente, hay que pensar en reformar la Constitución y adaptarla a los tiempos.

    Pasando a otros argumentos que a veces se esgrimen en favor de la monarquía, no creo que el solo elemento de la mayor estabilidad de la monarquía – frente a un presidente de república- justifique o legitime la institución, precisamente en tanto en cuanto la estabilidad deriva de su carácter vitalicio y no elegido ni elegible. También las dictaduras de Franco o Fidel Castro han demostrado ser muy “estables”, pero no creo que ello les otorgue legitimidad alguna; antes al contrario. Dicho argumento, así como el de la mayor “imparcialidad” de un monarca, denotan a mi entender cierto rechazo a la política, al propio juego democrático. Lo que precisamente caracteriza la elección democrática de un representante político es su “inestabilidad” (porque su permanencia debe ser refrendada periódicamente con los votos) y su “parcialidad” (porque su elección ha de estar basada en un programa político: en un compromiso de actuación). Por lo demás, no creo que el hecho de que un monarca pueda ser más conocido que un presidente de república constituya una bondad intrínseca a la institución, máxime cuando esa popularidad se debe a las páginas de papel cuché.

    No pienso salir a las calles a gritar “Viva la república”, porque realmente no lo pienso así, nací el el convulso año de 1975 y mis recuerdos van asociados a la figura del Rey, aunque me parezca una institución anacrónica, mi deliberación no es por tanto desde el lado de la pasión. Y también coincido con su idea de que un presidente de la República no nos garantizaría el fin de la crisis, un Estado más democrático, sanear nuestra economía o que España gane el mundial, que es lo que le importa en mayor medida a la mayoría. Soy más de hacer política cercana y concreta, inculcando unos valores a mis hijos de respeto y tolerancia y de afición al saber, empezando por las pequeñas cosas, como declarar mi IVA trimestral y facturas reales, no “creadas” para la ocasión. No presentado información falsa para conseguir ventajas y siendo, en definitiva, una buena vecina, una buena ciudadana que sólo aspira a que sus hijos vivan en una España más justa, social e igualitaria.

  6. En este momento de incertidumbre, tanto política como social, acontece que el Rey abdica la Corona española. Es un hecho que ha levantado revuelo en la clase política y entre los propios ciudadanos, que se preguntan si no sería más adecuado establecer en España una III República y acabar con la Monarquía.
    Desde mi punto de vista, me parece lógico que el pueblo dude y se plantee esta dicotomía, debido al cansancio generalizado que impera entre los ciudadanos por la profunda crisis en la que estamos sumidos desde hace tanto tiempo ya.
    Obviamente no es algo que se le pueda achacar al Rey, el cual ha cumplido sus funciones de relaciones con otros países y actividad institucional a lo largo de los años y eso no está sujeto a reproche alguno, ni se debería criticar todo el reinado de Don Juan Carlos I.
    Sin embargo, considero que la Casa Real se ha visto envuelta en demasiados escándalos y eso ha dañado considerablemente su imagen. El hecho de que la corrupción haya tocado a la Casa Real ha sido para muchos ciudadanos quizá la gota que ha colmado el vaso a la hora de inclinarse por una República.
    Sin embargo creo que existe mucho desconocimiento de lo que supondría tener una República y además el camino para lograr tener una República que funcione es complicado y ahora mismo inviable. Está claro que es más que necesario realizar cambios, pero el primer paso que se debería dar es el de reformar la Constitución, la cual ya está obsoleta en muchos aspectos. Habría que lograr que hubiera un sistema electoral más justo y equilibrado, que la justicia sea más rápida y justa, terminar con la corrupción que es el cáncer de este país y otras tantas cosas.
    Una vez que todos estos aspectos estuvieran solucionados, lo cual sería una tarea ardua y prolongada en el tiempo, se podría discutir el paso a una República. Aunque la monarquía española esté bien considerada en otros países, ¿seguirá estándolo a partir de ahora, conociéndose a nivel internacional todos los escándalos que han acontecido a la Casa Real española? El pueblo decidió que hubiera una monarquía parlamentaria en 1978. Pero ahora quizá las cosas hayan cambiado y ya no se valore igual la monarquía o la figura del Rey.
    En cuanto a la democraticidad de la monarquía, creo que ese tema se trata desde un punto de vista equivocado. Que exista una monarquía parlamentaria no tiene por qué impedir per se que haya democracia, pero es obvio que en la actualidad el sistema no es demasiado democrático en general, la división de poderes es inexistente, no hay pluralismo político, no existe transparencia, los gobiernos no cumplen ni por asomo sus programas electorales, etc. El pueblo no participa, como debería ser en una democracia, de las decisiones del gobierno o al menos sentirse representado.
    Puestos a reformar el sistema, habría que cambiar muchas cosas que no funcionan claramente, pero siguen perviviendo porque están sujetas a intereses políticos y fundamentalmente económicos y de perpetuar el poder, que parece ser todo el fin de cualquier partido político que alcance la presidencia del Gobierno.

  7. Que a todos nos ha cogido por sorpresa que el Rey abdicase es un hecho, ya que durante los anteriores meses se han hartado a informar de que eso no sucedería en un tiempo cercano. No obstante, lo que sí sorprende es que lo haga en estos momentos que tan débil es el estado de la política, economía y cuantos ámbitos haya en España.

    ¿Que lo ideal sería que se nos preguntase si preferimos una República o continuar con la Monarquía? Por supuesto. No obstante, ¿soy el único que teme que, de darse el caso de que se eligiese República, tuviéramos a un Jefe de Estado como Mariano Rajoy u otros tantos?

    Por otro lado, también considera desmesurada la importancia mediática que se le dio al asunto. Por demasiadas horas nos olvidamos de las cuentas en Suiza, los actos no transparentes y demás negocios sucios por los que sí deberíamos pedir que verdaderamente se nos respete.

    En definitiva, es una decisión tan compleja (incluso a nivel moral) que aún no se si prefiero vivir en las viejas costumbres o luchar por lo nuevo que podría llegar. Más que nada por aquello de «más vale malo conocido, que bueno por conocer»…

    Saludos.

  8. Ríos de tinta han corrido desde la abdicación de su Majestad y muchos han sido los puntos de vista. La prensa generalista tradicional se ha deshecho en elogios hacia nuestro Jefe de Estado mientras que los medios más progresistas han hecho hincapié en la demanda social de un referéndum sobre el modelo de Estado que deseamos tener. Coincido con el autor en lo poco que se ha tratado los pasos que deberían llevarse a cabo para que se realice dicha consulta y tenga tanto validez como consecuencias. Todo ello pasa por el artículo 168 de nuestra Constitución y eso supone un apoyo de 2/3 de cada cámara. Hoy en día sobra decir que no lo tiene.
    Una de las preguntas que nos hacemos todos es, ¿por qué ahora? Todo parecía indicar, a partir de las propias declaraciones de Juan Carlos I, que no tenía intención abdicar pero los acontecimientos del último año han invitado a la reflexión. Las sombras de corrupción que salpican a su familia, el deterioro de su estado de salud, los ápices de crispación social hacía una clase política desfasada y ajena a los problemas de la población y por último el deterioro de las facultades mentales del monarca que se hicieron manifiestas durante el discurso por la celebración de la pascua militar el pasado mes de enero. La Corona no improvisa y todo parece indicar que esta decisión estaba tomada meses atrás pero parece factible que el resultado de las últimas elecciones europeas haya precipitado su decisión. Estas elecciones han puesto de manifiesto la crisis del bipartidismo, más claramente el hundimiento electoral del PSOE, y como consecuencia el aumento de votos a la Izquierda Plural y la sorprendente aparición Podemos. El PSOE, al borde del abismo, está pidiendo a gritos un lavado de cara y pocos eran los que comprendían la permanencia de su Secretario General, Alfredo Pérez Rubalcaba, al frente del partido. Tras la abdicación del monarca parece que todo cobra algo de sentido. Ante la crisis del partido y la futura irrupción de nuevos candidatos para liderar la formación, muchas van a ser las discrepancias y propuestas pero para la actual cúpula del partido no se la juega y han visto en alargar su permanencia la mejor forma de facilitar el nombramiento de Felipe VI como nuevo jefe de Estado. El grupo socialista no dispondrá de libertad de voto en la votación para aprobar la Ley Orgánica que permita la sucesión de Felipe VI como Jefe de Estado, asegurando así un mayoritario apoyo de la cámara.

    No es productivo esprintar si no conocemos la dirección ni los obstáculos. Hay muchas cosas que deben cambiar en este país y el debate monarquía-república es sólo un ínfimo asunto que se debería tratar junto a otro muchos como: la transparencia política, independencia judicial, reflotamiento del sistema público, control sobre los grandes monopolios y oligopolios, y la lista puede continuar. Necesitamos una nueva clase política que no olvide tan rápido su condición de ciudadano en cuanto obtiene un puesto de responsabilidad dentro del partido, para empezar a dar responsabilidad a ciudadanos con dotes políticas que permitan una mayor democracia dentro de las agrupaciones políticas que se traducirá a una mayor democracia dentro del Estado. Para ello debemos esperar a las próximas elecciones…

    Saludos

  9. Monarquía o República… Desde el conocimiento que he adquirido acerca de estos dos sistemas a lo largo de la historia de España, tengo que reconocer que el espíritu, lucha y entrega de la segunda República me cautivó y me sigue cautivando en cada relato, novela o película. Entiendo que haya preferencias, sobretodo, por parte de aquellos que conocieron otra forma de estado y que han transmitido esos ideales a sus descendientes. Quizás no comparta del todo, pero no critico las manifestaciones que se han organizado a favor de un referéndum en el que el pueblo, actualmente demasiado irascible y dañado por las actuaciones de ciertos políticos y miembros de la casa real, pueda decidir el futuro de España. Es posible que toda esta gente actúe pasionalmente, se deje llevar por la idea del cambio, que en momentos de profunda crisis, tanta esperanza transmite.
    Sin embargo, siendo conscientes de la situación actual de España, hay que replantearse la idea de cambiar una forma de estado que no ha funcionado mal. La monarquía parlamentaria en España ha despeñado sus funciones y ha representado al país de una manera ejemplar. Cierto es que también ha cometido errores y que en ocasiones ha abusado y traicionado la confianza de los españoles. La monarquía en España está garantizada en manos del legítimo heredero, un hombre de sobrada cualificación, saber estar y porte monárquico. Hemos sido testigos del saber hacer de su padre y jefe del Estado de la España democrática y, por lo tanto, conocemos la línea que seguirá el futuro monarca, ajustada a su persona, pero que fija sus bases en la figura de su padre.
    Debemos ser justos con un sistema que ha dotado a los españoles de todos los derechos y libertades que durante la época de la dictadura sonaban a utopía. No podemos etiquetar de implantación algo que el pueblo aprobó democráticamente en el texto constitucional. Debemos aprender del pasado, apreciar lo válido del presente y desechar lo que ya no sirve para construir un futuro mejor para España.
    Como decía al principio, por los conocimientos adquiridos, soy más afín a la república que a la monarquía. La monarquía me suena a sistema obsoleto y a imagen redundante y recargada. Sin embargo, dar al pueblo la posibilidad de decidir sobre la forma de estado que prefiere sería abrir un debate que acentuaría las diferencias entre las dos Españas. Si la mayoría, en este caso, optara por la República en 2014, es probable que cuando una nueva crisis asolará España dentro de unos años, el pueblo saliera de nuevo a la calle a pedir la vuelta de la Monarquía. Monarquía o República sería otra razón para la separación de la sociedad.
    Otro aspecto sería el quién, es decir, a qué persona se pondría al frente de una República en España. La institución monárquica es imparcial, no está ligada a ninguna ideología ni a ningún sesgo político. Sin embargo, la República estaría encabezada por un dirigente político, en el caso español, sería una república bipartidista entre PSOE y PP. Actualmente los dirigentes políticos han perdido la credibilidad y la confianza del pueblo y no parece ser el momento idóneo para poner a la cabeza del estado español, como máximo representante y como imagen estatal a un miembro de la clase política.

  10. Estoy básicamente de acuerdo en todos los puntos del artículo. Sobre todo, en que técnicamente no sería necesario un referéndum, ya que esta monarquía parlamentaria fue «elegida» por todos los españoles en su momento. Un momento un tanto delicado, todo hay que decirlo.
    Lo que sí que me gustaría matizar, aunque también pienso que puede no ser el momento más idóneo para que esto ocurra, es que la Constitución vigente en estos momentos fue votada, sí, pero quienes la votaron fueron nuestros padres y abuelos. Considero que, como en muchas otras cuestiones, las cuales algunas se formulan al final del artículo, en España se tiene un terrible miedo al cambio. Un miedo que debe empezar a superarse si queremos que ese documento que todos los españoles votaron en un determinado momento nos siga representando a todos.
    Pese a que técnicamente no sea necesario y finalmente no vaya a producirse. No creo que tuviese nada de malo, sobre todo en lo que se refiere al resultado final, valorar hacer esta pregunta. Pienso que incluso haría a la monarquía ganar los puntos que ha venido perdiendo últimamente, ya que ascendería en aceptación y popularidad. De hecho, sería una regeneración de esa monarquía, la cual siempre ha estado de alguna manera señalada por algunos sectores respecto a su legitimación.
    Si se celebrase hoy en día un referéndum la opción ganadora sería la monarquía, no sólo porque nuestros padres, «juan carlistas», siguen viviendo, sino porque, sinceramente, no hay otra persona mejor preparada para ocupar el cargo, en estos momentos, que el Príncipe Felipe. Nos guste o no nos guste. A mi, por lo menos, no me gustaría ver a ningún político de los que ahora mismo nos representan, nos ha representado, o quieren hacerlo, ni de cualquier partido en ese puesto. Y creo que este es el sentir de la mayoría.
    La pregunta que realmente da miedo es: ¿qué otra persona ocuparía ese cargo?

  11. En un país democrático la soberanía está en pueblo, por tanto utilizar el artículo 92 de la Constitución para convocar un referéndum consultivo sobre los elementos importantes, me parece la vía más adecuada en una sociedad moderna, avanzada y democrática. No implica una reforma constitucional inmediata. Se trata de preguntar al pueblo, que es soberano, y si hay una respuesta afirmativa, a un cambio de modelo, ir a un proceso de modificación.

    El problema surge cuando las alternativas existentes no son demasiado buenas: en la República presidencialista el monopolio del poder está en manos de una misma persona (Jefe del Estado-Presidente). Por otro lado en la República parlamentaria, como es el caso de Italia y Alemania, el presidente es elegido por el partido político que ostenta el poder, motivo por el cual el presidente de la República no es imparcial y sí partidista. Sin embargo, la figura del Rey es mediadora y neutral.

    Bajo este planteamiento, los ciudadanos nos encontramos ante un callejón sin salida porque la opción entre monarquía o república suena a más de lo mismo: políticos, gobernantes y reyes que se encuentran muy lejos de los problemas de la ciudadanía.

  12. Parece evidente que lo acontecido en nuestro sistema político en los últimos días es muy gordo, tanto por la abdicación no esperada como por parte de la protesta ciudadana. Pero me parece muy interesante el dato objetivo aportado a la reflexión de lo que sería necesario para convocar un referendum que fuese decisorio según marca la Constitución vigente actualmente, votada democráticamente y con apoyo popular.

    Hay que tener en cuenta que estamos atravesando, no sólo una crisis económica, sino una crisis de valores. La situación por la que están pasando las personas las lleva a protestar a la calle y pedir otra forma de organización social, pero ¿Es la III República el cambio real que necesitamos? Como se dice en el texto, modificar así la forma de Estado sólo llevaría a cambiar una personalidad por otra en el mismo cargo. Llegados a este punto me planteo quién puede ostentarlo con mayor profesionalidad y rigor, ¿una persona a la que hemos mantenido entre todos para que se formara y preparara para el puesto durante toda su vida o una persona que ha tenido que ir escalando puestos de poder y ascender en el partido? ¿Elegir entre estos dos supuestos supone un cambio estructural real o solo responde a un espejismo democrático? Dicen que Felipe VI será el Rey mejor preparado de la historia, hay que confiar en que podrá a disposición a la ciudadanía toda su preparación y su buen hacer y decidir en base a sus actos, sin precipitarse, como lo hicimos con su padre Juan Carlos y que tanto ha demostrado.

  13. La abdicación por parte del Rey Juan Carlos I ha supuesto todo un terremoto institucional en España, país que venía de sufrir otro auténtico seísmo, esta vez en clave política, en las elecciones europeas del 25 de marzo. La sociedad española de corte más republicano ha querido ver en este último suceso el síntoma definitivo de debilidad del, como ellos llaman ya, «régimen del 78». Para mi gusto, el telón de fondo de esta situación tan delicada, es de corte marcadamente ideológico al que además se ha querido sumar el ya mencionado desconocimiento generalizado por parte de la población del cómo funciona y cómo se puede y debe cambiar la constitución.

    Existe, o por lo menos así me lo parece a mí, una distorsión en el concepto «república» al que muchos funden y confunden con «la izquierda». Craso error. Primero porque, como bien se ha comentado ya en innumerables foros y medios, no sé que opinarían aquellos que exigen una república si, como presidente de la misma se eligiera a Jose María Aznar y segundo problema, ¿qué se ha hecho mal, para que la población en general confunda (y de verdad estoy seguro de que esto ocurre) a la república con la izquierda? Existe un anhelo ideológico por parte de gran parte de la sociedad española por borrar del mapa todo aquello que pueda tener que ver con la dictadura de Francisco Franco, triste protagonista de parte de nuestra historia, por cierto. Y esto, de verdad, no es un asunto urgente a día de hoy.

    Como bien se ha comentado ya en el blog y en los sucesivos comentarios, no voy a ser yo quien defienda la monarquía como si del futuro se tratara, ni negaré su condición anacrónica y antigua. Pero no creo que sea motivo suficiente para poner en duda su papel actualmente, así como tampoco creo que un cambio a un sistema republicano vaya a solucionar ninguno de los problemas que asolan este país y que de verdad son graves.

    Esto no quita sin embargo, que las instituciones que ahora están procurando hacer todo lo más rápidamente posible para poder evitar cualquier «salida de tono extraña», son las mismas que, lamentablemente, han participado y muy activamente en crear este clima de tensión social y político que tanto les agobia hoy en día. Los innumerables (y los que no sabremos) casos de corrupción por doquier, los graves problemas sociales que asfixian al país, el triste papel de los bancos y, centrándonos en la casa real, el vergonzoso papel estrella de Urdangarín, de la mano de su esposa Cristina, son los que han desquiciado a la población. Y no sin falta de razón. Ellos mismos han creado el caldo de cultivo en el que ahora les quieren ahogar.

    Pero cuidado, porque en estos climas es cuando surge también el oportunismo y la demagogia de carácter radical siempre. Y lo último que ahora necesita este país son decisiones radicales o cambios de dirección de 180 grados. Las redes sociales se han convertido en un auténtico hervidero de «bulos» en los que entran todo tipo de conspiraciones que desembocan en exigencias aún más delirantes. Se ha borrado de un plumazo, y como si eso no importara, el indudable papel fundamental que ha desarrollado el jefe del estado a lo largo de sus años al frente de la monarquía española. Por la red, y en diferentes medios se puede llegar a leer que estamos votando entre monarquía y democracia. También se ha instaurado un ambiente en el que parece que todo aquello que tiene que ver con la constitución de 1978, es ilícito, ilegal e inservible para la sociedad actual, ya mucho más «madura y formada» según algunos. Un auténtico delirio en el que, alentadas por la demagogia y el oportunismo de algunos, se juntan las facciones más radicales de la ideología con un profundo desconocimiento.

    Tal vez en otro momento, con la situación algo menos tensa y todo algo más estabilizado, si se pueda plantear una reforma constitucional (que cada vez parece más necesaria) y entonces se podría plantear la situación de la monarquía, aunque sigo opinando que para tener de jefe de estado a Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba o a Pablo Iglesias, prefiero tener a Felipe VI. Pero desde luego, en caliente no se pueden tomar decisiones que afectan a todo un país, y la situación que vivimos ahora mismo, es ya lo suficientemente tensa.

    No se ustedes, pero yo no creo que éste sea el clima propicio para tomar cambios de rumbo que, encima, no garantizan ningún éxito. Lo único que garantiza de primeras, son más gastos.

  14. En España se ha producido un debate provocado por el completo desconocimiento del funcionamiento real de nuestro Estado. El argumento fácil y populista es decir que no tenemos democracia en nuestro país por no elegir al Jefe de Estado. ¿Realmente escogeríamos directamente al Presidente de una III República? ¿Acaso escogemos directamente a nuestro Presidente de Gobierno?

    En el año 1978 los españoles de entonces hablaron y dijeron «sí» a la Constitución Española. En el año 2011 elegimos democráticamente a nuestros representantes en las Cortes Generales. Depositamos nuestra confianza en ellos y en ellos está la opinión de la mayoría. Para reclamar democracia, primero tendremos que aceptar las reglas del juego democrático

    El sistema democrático es mucho más enrevesado de lo que muchos, desde la ignorancia, creen. Antes de plantear el fin de una monarquía parlamentaria deberíamos pensar en las consecuencias y en el proceso por el cual se tendría que llevar a cabo. No nos vale con un referéndum. Ni siquiera imagino una simple reforma mediante el Artículo 168 de la CE, sino que, ante un cambio en la raíz de nuestro Estado democrático, se debería elaborar una nueva constitución.

    Todo ello en un contexto en el que se necesita estabilidad, en un contexto en el que ceder ante el populismo es lo fácil pero no la solución a nuestros problemas, un contexto en el que algunas autonomías exigen cada día un poquito más. Así pues, no es el lugar ni el momento para este tipo de cambio,pues ¿cuál sería el beneficio de llevarlo a cabo? Como bien ha concluído el profesor Sánchez de Diego hay otras asignaturas pendientes y añado: sobre todo, más urgentes.

  15. Desde el punto de vista jurídico, han quedado claramente explicados por usted los pasos a seguir si los españoles, a través de un partido o grupo de partidos en coalición, desease un cambio de modelo de estado como por ejemplo cambiar de monarquía parlamentaria a república parlamentaria.
    Sin embargo desde el punto de vista comunicativo o propagandístico es fácil entender que los partidos republicanos y de izquierda aprovechen el momento histórico que estamos viviendo, la abdicación del Rey, para intentar sacar provecho electoral o simplemente para llamar la atención de los medios de comunicación y centrar el debate en el modelo de Estado actual, el cual es teóricamente opuesto a sus ideales.
    El fin no justifica los medios y en mi opinión tergiversar y no dar toda la información a los ciudadanos sobre este tema es lo que no se debería consentir .Que determinados líderes de partidos democráticos que en su día votaron a favor del modelo de estado actual digan ahora que este modelo no lo votaron los españoles es una falacia. Pedir un referéndum para conocer la «verdadera» voluntad de los españoles al respecto de esta cuestión es demagogia, porque ni si quiera especifican que tipo de referéndum(el consultivo no es vinculante y podría hacerse para demostrar una mayor transparencia de las instituciones), ni tampoco que pasos o procedimientos legales hay que seguir para conseguir cambiar el modelo de estado.
    Estas son las razones por las que creo que todo es una estrategia de comunicación por parte de estos partido para llamar la atención de los medios y denunciar una supuesta conspiración para que Felipe VI sea el jefe del estado sin que lo hayan decidido así los españoles.
    Para terminar he de decir que comparto absolutamente la opinión de que los mayores problemas de este país, democráticos y no democráticos, no dependen para nada de la jefatura del estado ni del modelo de estado que actualmente impera. Creo que desviar la atención hacia un tema absurdo e irrelevante para no hablar de corrupción política o de incompetencia profesional en el ejercicio de funciones públicas no ayuda a soliviantar la situación actual del país. Si a esto añadimos la gran pregunta de quién sería la persona mejor cualificada para representar a todos los españoles y sus regiones y culturas en una hipotética república parlamentaria sólo tenemos mas debates sobre asuntos irrelevantes. A día de hoy con una tasa de desempleo como la que vivimos, un sistema sanitario y de pensiones amenazado por una población cada vez más envejecida y con poca natalidad, un modelo de crecimiento económico basado en poco menos que el turismo, un sistema educativo que es de los peores del primer mundo en cuanto a resultados, y una investigación científica y de desarrollo tecnológico que da vergüenza ajena; no creo que decidir entre monarquía parlamentaria y república parlamentaria, por citar el cambio que creo sería mas coherente, sea lo más apropiado en estos momentos. Eso sí, tenemos una gran liga de fútbol y hemos ganado un mundial.

  16. Resulta difícil oír hablar de la palabra Constitución y todas las derivaciones que trae consigo en estas fechas que acontecen, pero aún más complicado se hace entablar una conversación con todos aquellos «hijos póstumos» que ni siquiera la conocen o no se han preocupado en hacer esfuerzo alguno por entenderla.
    Hace apenas unos meses, nos dejó unos de su creadores y para algunos, que aún recuerdan la historia, que incluso tienen la suerte de estar estudiándola o intentando únicamente documentarse antes de hablar, un «padre» de la tan nombrada Constitución.
    Punto y a parte, después de haber despedido a D. Adolfo Suárez, fue el pasado lunes 2 de junio cuando S.M. El Rey de España puso fin a una etapa de transición, de monarquía y democracia (siempre de la mano). Una época, que como todos los españoles, ha tenido que luchar, he incluso jugársela y salir a ganar cuando en el Congreso de los Diputados irrumpía un Teniente Coronel disfrazado de antiguo régimen para quitarnos lo que S.M. nos había otorgado.
    Resulta difícil no recordar todo los bueno que nos dio, así como egoísta o desagradecido, el no reconocer que fue un Rey «por y para el pueblo» (que expresión tan constitucional). Hay otros «hijos» que si recuerdan como fue, que recuerdan toda su labor y no sólo a nivel internacional. El fue quien recorrió España esquina por esquina para conocerles a todos, porque yendo más allá de los numerosos e importantes pactos y convenios empresariales que ha entrañado, El ha sabido ser como un padre para todo el pueblo español, para todos, independientemente de las preferencias de unos u otros por el color de la bandera que defienden.
    Creo que muchos han olvidado las funciones que ha desempeñado el rey para que nos encontremos en este punto de la democracia. Haciendo un paréntesis ha esa gran labor, como cita en su artículo nos encontramos en un sistema político mucho más democrático de lo que en realidad sería la república. Muchos ante la situación de crisis y gran corrupción que se ha dado en los últimos años, creen que la única forma de tener un gobierno verdaderamente democrático es volviendo a instaurar la república, cuando se equivocan. Sólo deben fijarse en la teoría mediante lo que dicta claramente la constitución (claro símbolo de la libertad del pueblo español), y en la práctica a través de los demás países europeos, como ha mencionado usted el caso actual de Rumanía.
    Gracias a la Monarquía tenemos la seguridad de que ningún partido político, aunque obtenga mayoría, va a tener en sus manos el monopolio de gobernar «a sus anchas» en representación de los españoles.
    Actualmente, hay muchas personas que ni quieren entender que ocurrió hace 36 años ni observar la evolución que ha vivido España desde entonces, y todo gracias a este sistema de gobierno y a su jefe de estado S.M. Juan Carlos I. Quizás por todo ello, como decía Jorge Santayana, «aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo».

  17. Es cierto que la abdicación, del que hoy sigue siendo Rey de España hasta que firme la Ley de Abdicación, provocó una estupefacción social. A pesar de que su M.A D. Juan Carlos I manifestase que sería rey hasta su muerte, muchos sospechábamos que esta noticia antes o después, saldría a la luz. No era de extrañar, tras los numerosos escándalos que han rodeado al monarca y a la familia de éste (y sí, la guinda la dió «Mangarín» Duque de Palma y su esposa).

    Todo ello ha ido incendiando una opinión pública, que de por sí ya estaba herida por la crisis económica y las poca queridas decisiones del Partido Popular, donde se sigue exprimiendo al pobre mientras el «rico» -aunque estafe- no va a la cárcel y sigue viviendo por encima de sus posibilidades a costa de los demás que pagan sus errores (ej. Bankia). Toda esta situación de inestabilidad tuvo respuesta en las pasadas elecciones europeas. El pueblo se pronunció. Gracias a Dios, se han comenzado a producir cambios. Quizá en algún caso suene a «utopía» pero al menos, se invita a soñar a una población desalentada. Muchos hablan de la derecha más recalcitrante, pero la izquierda (incluida la extrema) también comienza a aflorar de nuevo. Este último punto es muy importante, ya que indican que en un futuro -no muy lejano- la Monarquía no va iba gozar de un gran apoyo político. De hecho, creo que hay muchas papeletas en la actualidad que indican que saldría por votación una República -con o sin cabeza, pero saldría dicha elección- en un futuro.

    Volviendo al tema que nos ocupa, pienso que el Rey ha elegido el mejor momento para abdicar en lo que al tema político se refiere. Yo soy de las personas que apoyan un referéndum, pero no sólo por el derecho a si quiero Monarquía o no, si no porque tengo derecho a decidir y me gustaría se me consultase sobre decisiones importantes. Dar mi voz cada cuatro años me parece muy poco. En estos días, me he cansado de ver cómo los medios de comunicación y algunos partidos como IU manipulaban la opinión pública mediante slógans como: el lanzado por Cayo Lara de «¿Democracia o Monarquía?» o » Es que si su hijo quiere ser Jefe de Estado, ya se le tiene que decir que no puede al no ser Borbón». Sinceramente, me parecen argumentos un tanto mediocres. Yo por poder puedo llegar a la luna y soñar con ser presidenta del país pero previamente tengo que pasar por la NASA en el primer caso y en el segundo, por un partido político. En este segundo caso, escuece más porque bajo mi punto de vista es un mundo formado por castas; algo que casi pasa de padres a hijos por «derecho» y hace difícil que alguien de fuera pueda acceder además de escalar puestos.

    En lo personal creo, que tanto una Monarquía como la que tenemos ahora me resulta igual de democrática que una República. Es más, me reporta la sensación de menos «peligro». ¿Por qué peligro? Quizá me equivoque pero no se puede establecer una República de la noche a la mañana. Un Jefe de Estado sí que tiene » voz y voto» en comparación con un monarca que necesita ser refrendado en cada acto público-jurídico. Una República puede estar bien llevada, y claro ejemplo lo tenemos en Francia. Sin embargo, en otros sitios, casi se ha convertido en una especie de…. ¿dictadura «light»? Pensemos con cabeza…. Un Jefe de Estado iba a salir de los partidos políticos con más presencia en el panorama español, es decir, PP y PSOE. ¿Se imaginan a Aznar o Esperanza Aguirre de Jefes de Estado y a Rajoy de presidente? ¿Zapatero de Jefe de Estado y Rubalcaba -que ya dejó la cúpula lo sé- de Presidente? La imagen es un poco…..¿aterradora? Quizá me gane críticas, pero en Francia sí se puede dar el caso en el que «cada puesto» pueda ser ejercido por un grupo político de distinta ideología, sin que salten excesivas chispas. ¿Creeís que en España se puede alcanzar el mismo concepto? Yo creo que no. Sólo hay que soplar un poco y enseguida salen las rivalidades, el pasado y el consecuente peligro de que «se repita» (ejemplo sncillo: leyes que invitan al avance social y de mentalidad más progre, son derogadas a favor de leyes que son propias de ideologías de 30 años atrás.Unido a ello, sólo hay que ver cómo reaccionan unos y otros… Luego sí: el pasado está ahí y nos acecha lo queramos o no).

    Por todo ello, prefiero quedarme como estoy: con una Monarquía cuya función principal es la de ser embajador de España por el mundo. Creo que no ha habido mejores figuras que vendan la marca España (gracias al Rey hemos conseguido el proyecto del AVE a la Meca,etc). Eso sí, abogo por una mayor transparencia en las cuentas y propiedades de Casa Real (el mismo control que se ejerce sobre la monarquía británica).

  18. El revuelo que se ha ocasionado tras la abdicación del Rey ha dejado claro, entre otras cosas, el nulo conocimiento que tiene la mayoría de los españoles de su historia y de su Carta Magna. Aquellos que consideran la monarquía parlamentaria una «imposición en contra de la voluntad del pueblo», parecen no estar al tanto de que es algo que en su día decidimos los españoles. Hay quien ha dicho que al tratarse de otras generaciones, se debería dar oportunidad a la sociedad de hoy día a decidir y hacer valer la «voluntad del pueblo». Parece no bastar un sistema democrático como lo es el de representación mediante partidos políticos para estas personas. Tampoco parecen ser conscientes de que aquello que llaman «voluntad del pueblo» no es la voluntad de quien hace más ruido o saca más banderas a la calle.

    Hay quienes incluso han calificado el nombramiento de Felipe VI como nuevo Rey de «ilegalidad», algo falso tal y como usted ha explicado claramente en su argumento. Razones que muchos se niegan a escuchar a pesar de las explicaciones, razonamientos o artículos que se les ponga encima de la mesa. Una ceguera pasional que embrutece y hace prácticamente imposible el diálogo de la cuestión sucesoria con quienes suponen tener todas las razones lógicas de «su parte». Y esto es lo más lamentable: he oído hablar de «partes», de lados, de progresistas y «retrógrados». Calificativos que más que pretender el diálogo parecen hacer hincapié en las diferencias entre partes que tachan de «irreconciliables».

    Por otro lado, creo que no es necesario ser monárquico para comprender que hay nadie mejor cualificado ni que proyecte mejor imagen fuera de nuestras fronteras que Felipe VI. La tarea que ha ejercido su padre como representante de nuestro país, proyectando una visión de unidad a pesar de nuestro balancín político, ha sido nuestro salvavidas en muchas ocasiones. En un país como España, que cambia de rumbo político una facilidad abrumadora, es necesaria la figura de alguien que procure cierta neutralidad en las relaciones con otros países. Alguien ajeno a ideologías que se centre en representar con seriedad y profesionalidad a España en el resto del mundo. Alguien que haya sido preparado para este cometido durante toda su vida. En ese sentido, creo que no hay mejor embajador que la figura del Rey. Creo que no es necesario ser monárquico para llegar a esta conclusión, pero sí muy egoísta para menospreciarla por cuestiones ideológicas.

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