El despido es el acto humano, después de la muerte, que más dolor produce a las personas y se sitúa junto con la separación y el divorcio en la misma escala de sufrimiento.

El despido es por lo tanto un acto humano no querido ni por la empresa ni por el trabajador y se lleva a cabo, bien por necesidad, bien por estrategia, bien por otros muy diversos motivos. De entre todos ellos, resalto aquel despido que se produce por la necesidad de que la empresa en situación de crisis empresarial debe de desprenderse de trabajadores a fin de aligerar la cuenta de resultados y hacer viable a la empresa. Ese despido, es el despido cruel que la crisis económica inyecta actualmente en las relaciones laborales. Es cierto que también, aprovechando la oportunidad critica de la economía, empresarios y trabajadores se aprovechan para llevar a cabo otro tipo de despidos, como disciplinarios, despidos oportunidad, etcétera; es cierto, pero no me quiero referir a esos, sino a los despidos no queridos, a los despidos obligados a los despidos objetivos.

Estos despidos, los objetivos, los producidos por causas económicas o los producidos por necesidad de equilibrar el motor empresarial, la producción y la cuenta de resultados son un autentico problema para la sociedad en concreto para la sociedad española porque despliegan toda su bravura y sus efectos malignos, sobre todo en época de crisis, y es precisamente en la actualidad en esta grave crisis económica que estamos atravesando, cuando más despidos objetivos se dan, cuando más empleo se destruye, cuando más desempleados hay.

Es difícil que los medios de Comunicación que día a día nos despiertan con sus noticias, no enuncien cada mañana en portada el cierre de una nueva empresa, la presentación de un nuevo ERE o el aumento de centenares de desempleados. Es difícil que transcurra un día sin valorar una de estas noticias y ello es precisamente porque España esta retrocediendo económicamente. No estamos en crisis, no, ojo, estamos en recesión. Hacia mucho tiempo que esta palabra no se pronunciaba en nuestro país, sin embargo esto es asi, por desgracia para todos y a pesar de que algunos sigan viviendo en los mundos de yupi, la recesión existe, afecta a nuestras empresas, afecta a nuestros trabajadores, nos afecta a todos y de eso sabemos bien los Graduados Sociales que asesoramos a la pequeña y mediana empresa, asesoramos a los trabajadores autónomos, nosotros, no otros, de eso sabemos bien los Graduados Sociales. Nadie mejor que nosotros esta viviendo el drama económico de la pequeña y mediana empresa, de los autónomos, nosotros como asesores de estos valientes emprendedores, creadores de trabajo, generadores de riqueza y ahora fruto del pasto de la voracidad de la crisis, somos no solo sus asesores, somos sus amigos, somos su pañuelo de lagrimas, nosotros lo sabemos bien y solo nosotros, porque nosotros mismos somos victimas de esas crisis. Con la destrucción de empleo y de empresas de pequeño tamaño o autónomos, desaparecen también nuestros clientes y ello nos hace doblemente conocedores del gran problema que estamos viviendo. Por una parte el de nuestros propios clientes a los que acogemos en nuestros despachos y compartimos con ellos su tragedia, por otra parte valorando que el cierre empresarial de un autónomo o de una empresa, es la perdida de un cliente, de casi imposible recuperación. Ojo pues a la situación. No es la amenaza absurda de algunos compañeros por el sistema RED o el Sistema Red Directo, cuando decían que su puesta en marcha era la desaparición de nuestra profesión. Ridículo e infundado temor como se ha demostrado, ojo, no es eso, no se trata pues de una cuestión de técnicas de trabajo, se trata de nuestro trabajo, de nuestros clientes, de nuestros negocios. Por ello debemos de estar muy atentos y preparados no solo desde el punto de vista profesional sino también financiero. El momento no es el mejor para los españoles, sin embargo estoy seguro que saldremos adelante como hemos salido en otras ocasiones. No me cabe duda y estoy seguro que los empresarios y los autónomos españoles, recordaran que los Graduados Sociales siempre hemos contribuido con el sistema económico para remontar la crisis, hemos asesorado leal y legalmente a nuestros clientes para, a pesar de la situación, desarrollar su trabajo con honestidad, con nobleza, con fuerza y sobre todo con esperanza e ingenio.

Con el mismo espíritu de colaboración sensato y leal, que otras épocas hemos tenido, debo de señalar que desde mi punto de vista, las reformas que esta pidiendo el Presidente de la CEOE y el Gobernador del Banco de España respecto de la modificación de la indemnización por despido improcedente no son las más apropiadas en este momento.

En efecto, a pesar de que vengo pidiendo reiteradamente al Gobierno una reforma en profundidad del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, donde se corrijan situaciones de auténtico abuso del derecho como por ejemplo la falta de cobertura de prestaciones sociales en el régimen especial de empleadas de hogar, la supresión precisamente de los regímenes especiales de la seguridad social, la revisión de las prestaciones de viudedad para aumentar el importe de la pensión o la reforma del subsidio de mayores de 52 años, y naturalmente la revisión de la indemnización de los 45 días para el despido improcedente, pues a pesar de que vengo pidiéndolo insistentemente al Gobierno desde hace tiempo esta reforma, debo señalar que estos momentos de destrucción masiva de empleo no son precisamente los más aconsejables para el cambio. Y no lo son, porque ello podría generar un grave conflicto social de graves consecuencias y podría tirar al traste el diálogo social llevando a los ciudadanos a una huelga general sin necesidad de ello.

Hay que ver la reforma laboral en clave social, no en clave política. Es decir, al Gobierno probablemente por razones políticas no le interesará una reforma laboral que afecte sobre todo la indemnización por el despido improcedente. No le interesa porque naturalmente ello pondrían de uñas a los sindicatos que de forma inmediata replicarían con una huelga general, pero no se trata de ello, se trata de que la reforma laboral en estos momentos de crisis económica debe traer también la cautela y serenidad del gobernante para no tocar aquello que para el trabajador español tradicionalmente constituye una garantía y en época de profunda crisis, si se le puede denominar así, una seguridad, por lo tanto, me parece bien la posición del Gobierno en estos momentos de no tocar la reforma laboral en este sentido.

Desde el punto de vista social, en el cual influye no solamente la razón anterior sino otras de mucho más calado, como son precisamente la razón de ser del trabajo, el momento para el cambio, a pesar de que lo pidan voces tan autorizadas como el Presidente de la CEOE o el Gobernador del Banco de España, no es el mas adecuado, porque el sistema ofrece al empresario sistemas mas que suficientes como para desprenderse del coste salarial improductivo a un precio muy inferior a los 45 días de salario. El sistema jurídico de las relaciones laborales en época de crisis funciona correctamente. El despido Objetivo, los Expediente de Regulación de Empleo, los concursos de acreedores y las técnicas económicas y jurídicas de la finalización del trabajo despliegan toda su eficacia en estos momentos y demuestran que estaban pensadas precisamente para momentos como el que estamos viviendo sin necesidad de tocar para nada ni la indemnización por despido ni otras cuestiones.

Ahora bien, lo cierto es que una vez esta crisis haya tocado fondo, una vez comience la recuperación, se hace no necesario, sino imprescindible una reforma profunda del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, un gran pacto con todas las fuerzas políticas y con los agentes sociales, para reformar el Derecho de Trabajo al objeto de que se adapte a la nueva sociedad que sin duda nacerá de esta recesión. Ese será el momento y no otro por ello, ante esta controvertida y peligrosa petición de reforma laboral de la CEOE y del banco de España, debo de señalar que este no es el momento para alterar la estabilidad de las relaciones laborales.

Javier San Martín Rodriguez

Presidente Consejo General de Graduados Sociales de España

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