Esteban CecaPor Esteban Ceca Magán, socio fundador y director de Ceca Magán Abogados

Desde hace días los medios de comunicación se vienen refiriendo al primer aniversario de la reforma laboral del Gobierno Rajoy. Se efectúan análisis técnicos, se exacerban las críticas sobre su nula incidencia en la creación de empleo y se proponen medidas correctoras, cuando no sugerencias de una pura contrarreforma. Desde luego, no cabe duda que la actuación del ejecutivo no ha producido los efectos deseados y propuestos: generar empleo. Como tampoco cortar la sangría del ya escandaloso nivel de paro real en febrero de 2012, simultáneo a la reforma. Conviniendo por ello preguntarse por qué sucede todo esto. Por qué un Gobierno en el que depositó su confianza un mayoritario número de ciudadanos ha podido defraudar a la sociedad española en prácticamente todas las líneas maestras de su política, sin resultar una excepción la reforma laboral.

Por supuesto que además de arduo, no me corresponde examinar aquí las erróneas políticas financiera, bancaria, de crecimiento del consumo, fiscal y de vertebración del Estado. Deseo limitarme, muy al contrario, al ámbito de la reforma laboral y al creciente desempleo.

En 2008, cuando muchos me tacharon de pesimista, iluminado o agorero, manifesté que la pérdida de valores morales y el estallido de la burbuja inmobiliaria prolongarían la crisis económica de empleo en España hasta 2015; que el paro seguiría creciendo; que 500.000 jóvenes habrían de emigrar a la Europa fuerte y seria en busca de su primer empleo y que mientras Alemania rebajaría su tasa de paro en 2012 al 4,5 por ciento, España la elevaría al 26 por ciento general y la juvenil al 58 por ciento. Pero insisto, ¿por qué todo esto?. Basten aquí estas pinceladas:

a).- Próximamente aparecerá en las librerías un obra mía sobre la reforma laboral de Rajoy. El que tras ella sigan vigentes decenas de contratos de trabajo, no sólo nada dice a favor de los diferentes ministros del ramo, sino que resulta francamente perjudicial para favorecer el empleo.

b).- Si en lugar de dar plena vigencia a la autonomía de la voluntad de los contratantes, se les va encorsetando progresivamente y se sigue regulando cada vez más, en lugar de desregular las relaciones laborales, llegaremos a 7 millones de parados, 15 escasos millones de población activa, asistiremos a la quiebra de la sanidad pública y a la desaparición por inviabilidad financiera del sistema de pensiones.

c).- Que vamos camino de ello, no me ofrece duda, aunque ni sea este el medio, ni el momento razonado y avalado con cifras, argumentos, estadísticas, políticas recomendables o cientifismos jurídico-laborales.

Sólo deseo trasladar una vez más al Gobierno y Autoridades del Ministerio de Empleo tres ideas básicas sobre cómo considero que deberían actuar en materia de contratación laboral, para evitar el suicidio colectivo al que tristemente incluso ya nos acostumbramos como inevitable:

a).- Concienciarse de que el empresario español no tiene mentalidad de contratar en situaciones de crisis, sino de despedir y cuanto más barato, mejor.

b).- Favorecer al mil por cien la autonomía de la voluntad de los contratantes, con la derogación fulminante de no menos del 75 por ciento de toda la legislación laboral imperativa, general y sectorial, incluido el propio Estatuto de los Trabajadores, obsoleto en no menos de ese porcentaje de sus normas (y sé que me quedo corto), hoy inservibles y entorpecedoras del mundo laboral en la realidad económica y social que 2013 nos impone.

c).- Por último, que el empresario y el trabajador sean libres; que el Estado les considere mayores de edad y les permita ser autosuficientes, evitando imponerles nada desincentivador de sus acuerdos. Liberalizando así por completo sueldos, jornadas, tipos de contratos, prórrogas, horarios, vacaciones, categorías profesionales, etc. Que, en definitiva, las partes del contrato lleguen a ser dueñas del mismo; no el legislador, y menos aún los jueces laborales.

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