Por David Navarro Rivera Abogado Laboralista

Sabiendo muy poco de Derecho Laboral y nada de blockchain, he decidido lanzarme a hacer este artículo con el objeto de mostrar mi punto de vista sobre lo que puede suponer la unión del trabajo y las nuevas tecnologías que nos esperan.

blockchain - diario juridicoEn el mundo del Derecho del Trabajo llevo toda mi vida profesional como Abogado Laboralista y en el mundo del blockchain –cadena de bloques- apenas un par de años. En lo que respecta al primero, he vivido la gran época del trabajo en este país a comienzos de siglo y todo lo que ha venido a continuación en forma de destrucción de empleo y precarización laboral. De esta primera parte siempre recordaré, al margen de la formación universitaria, mi asistencia durante los primeros años como oyente a numerosas ponencias y eventos, después –y sin abandonar lo anterior- a la inscripción y lectura de blogs de grandes compañeros laboralistas y profesores que ofrecían sin ningún ánimo de lucro sus conocimientos y por último, mi unión a pequeñas asociaciones que ahora son muy grandes y han formado magníficos grupos de opinión.

De la segunda, el blockchain, observo una evolución bastante diferente: se encuentra directamente en el ciberespacio, no existe formación académica –empieza ahora- es autónoma, ya hay asociaciones y personas alrededor de todo el mundo que se han asociado para desplegar la disciplina; publican en blogs, dan cursos gratuitos en plataformas digitales de forma interactiva o en diferido, explican sus inquietudes y confían en lo que dicen para posteriormente, y ya en otros canales, conseguir financiación a través de ICO (Initial coin Offering u oferta inicial de moneda) que les permite autofinanciarse sin necesidad de afrontar las complejas y excesivas condiciones de los bancos y crear así proyectos de verdadero éxito en forma de empresas.

¿Y qué tienen en común una cosa con la otra David?, ¡pues todo!, a día de hoy los conocimientos de blockchain evolucionan rápidamente por las enormes redes de contacto que hay a lo largo de todo el mundo. Yo comparto impresiones y creo redes de trabajo con compañeros en Argentina, Londres, Cabo Verde, Grecia o China entre otros muchos. Estas mismas personas junto con otras, a través de las mencionadas ICO´s, han creado empresas en las que el CEO puede ser de Nueva York, el Director de Operaciones de Portugal, el informático de Italia, etc. y, desde sus respectivos países juntan sus ideas y gestionan potentes empresas que ya facturan o reciben inversiones multimillonarias para que continúen su desarrollo. Esto, indudablemente, trae dudas al Derecho del Trabajo (¿qué condiciones rigen las relaciones laborales de los individuos que lo integran?), en la fiscalidad de los estados (¿de dónde es la ICO?, ¿qué impuestos paga?, ¿qué o dónde pagan sus impuestos los trabajadores?) es un mundo absolutamente apasionante –a la vez que desconcertante- y con mucho futuro.

Blockchain conllevará una enorme masa de trabajadores digitales en todas las disciplinas, que difundirán valor en sus redes, alumbrando lo que yo he venido a denominar “workchain” (cadena de trabajo) y ofrecerán sus servicios en todas partes del mundo consiguiendo retribuciones (probablemente en tokens) por sus habilidades. Aquí entrará de nuevo el Derecho laboral: ¿cómo se regulará la jornada de trabajo?, ¿cómo se controlarán las horas extras?, o, ¿no será mejor que cada uno decida trabajar las horas que quiera sin que nadie lo regule? (esto último no lo he dicho yo), entre otras muchas cosas que ya tenéis en la cabeza rondando.

La entrada del trabajo en la era digital –workchain- podrá permitirnos entrar y salir de proyectos, estar en continuo reciclaje y convertiremos el trabajo más que en una base de conocimiento para asegurar un puesto en nuestra vejez, en una herramienta que nos devuelva a la juventud con cada nuevo proyecto ilusionante que comencemos. Dejaremos de contar los años para jubilarnos y lo que haremos será restarlos.

La variedad de la cadena de bloques nos permitirá cambiar aquellas cosas que no nos gusten por nuevas en las que nos sintamos más a gusto y nos desenvolvamos mejor. Al poder trabajar con gente y perfiles de todo el mundo, es cierto que tendremos un trato más lejano con compañeros de trabajo, pero se nos evaluará evitando determinados prejuicios que hoy existen en los departamentos de selección o en nuestros propios jefes y compañeros. Viviremos de las puntuaciones y experiencias que otros nos dan solo por nuestro trabajo y esto posibilitará que se nos elija por nuestros méritos y esfuerzos.

Por hacer un guiño a mi disciplina, se crearán sociedades gremiales, sí, pero no quedaremos atados a ellas por siempre ni frenados en nuestro progreso por “Dinosaurios” o grupos de poder de una determinada red privada –o pública, dependiendo quién pueda acceder a ella- pues repartiremos nuestro trabajo o especialización en otros proyectos. Es decir, olvidaremos de una vez por todas la “artificial” retención del talento y nos preocuparemos más por atraer el talento.

Entre tantos malos presagios sobre el futuro del trabajo, creo que adentrarse en las nuevas tecnologías –sin olvidar lo que hacemos ahora- y ver sus posibilidades, puede ser algo ilusionante para todos.

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