“Mi padre me dijo que el día que aprobé la oposición fue más feliz incluso que el día que nací, porque vio que conseguía lo que había peleado durante tanto tiempo” asegura Paco, natural de Granada y uno de los 204 alumnos de la última promoción de la Escuela Judicial. Estos estudiantes han tardado, de media, 4 años y 8 meses en sacarse la oposición, y ahora les esperan dos años más – uno en la sede física de la escuela judicial y otro como jueces en prácticas – antes de empezar a ejercer como jueces. Se trata por tanto de un proceso largo, de cerca de diez años de media, que implica un esfuerzo personal importante que las familias viven muy de cerca. “Ellos nos ven día a día, saben el sacrificio que implica pasar estas oposiciones y por lo tanto, cuando lo conseguimos, el triunfo es compartido”, dice Gloria, otra de las estudiantes que forman parte de esta última promoción.

Ellos son sólo dos de los más de 2.500 jueces que han pasado por esta escuela en sus 15 años de vida, que ahora, vive momentos inciertos. El gobierno central decidió hace algunos meses no convocar nuevas plazas a jueces para el siguiente año aunque finalmente, los presupuestos generales del Estado prevén la convocatoria de 50 plazas. La situación por tanto, es mejor que la que se dibujó en un primer momento, aunque no deja de tener consecuencias que podrían hacerse visibles en los próximos años, y más teniendo en cuenta la saturación que sufren los juzgados del país.

A través de este reportaje, DIARIO JURÍDICO recorre los tres lustros de esta escuela con la voluntad de conocer el modelo implantado en la Escuela Judicial, cómo se afronta la difícil situación actual y cuál es el futuro que se dibuja, no sólo para la escuela, sino para todos aquellos alumnos que la conforman. Con entrevistas a la directora del centro, la magistrada Roser Bach – en la fotografia -, el profesor Ramón Casas, profesor de Primera Instancia y tres alumnos del centro: Paco, Cristina y Gloria.

La competencia de la formación de jueces: del Ministerio al Consejo General del Poder Judicial

La competencia en formación de jueces recaía en el Ministerio de Justicia, pero la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1995 transfirió esta competencia al CGPJ. La formación inicial se realiza por primera vez en la sede de Barcelona con la promoción 48ª, en febrero de 1997. “Es importante que el propio órgano de gobierno de los jueces pueda establecer el modelo de juez que pensamos que debe haber y el modelo de formación para conseguir este tipo de juez”, asegura Roser Bach, actual directora de la Escuela.
El período de formación en la Escuela Judicial dura dos años. Durante el primero, deben ir físicamente a la escuela. “Hay que tener en cuenta que la mayoría de las personas que acceden aquí no tienen una vida profesional previa. Hay algunos que sí, pero aproximadamente el 60 por ciento no tiene experiencia profesional, explica Roser Bach”, que añade que “es por eso que es importante trabajar la parte más práctica”. En la misma línea, Ramón Casas asegura que “tienen un conocimiento de la ley espectacular. Por eso nos podemos permitir trabajar con casos de verdad porque no tenemos que explicar nada de teoría. Lo que falta es aplicar ese conocimiento a la realidad”.
Para conseguirlo, se hacen simulaciones de juicios, se dictan resoluciones, y para lograr una formación integral, realizan también prácticas en despachos de abogados, fiscalías, con las fuerzas y cuerpos de seguridad, etc. para que puedan conocer bien todas estas posiciones.

El método del caso

“La función de la escuela – dice Roser Bach – no es otra que los estudiantes aprendan a ser jueces. Podemos decir que son, entre comillas, grandes juristas teóricos, les falta aprender a ser jueces”.

Para lograrlo, trabajan con el método del caso. Implica coger un caso, y en lugar de analizar la teoría abstracta, hacer un caso real. “Además nosotros lo hemos evolucionado, porque el método del caso implica darlo cerrado desde el inicio con la sentencia, y aquí lo hemos dado con el sentido de que les damos el planteamiento pero no les damos la resolución final”, explica la directora.
Para Ramón Casas, la explicación básica del día a día de la escuela es la siguiente: “Aquí trabajamos mucho lo esencial que tiene que hacer un juez: redactar resoluciones y dirigir actos orales. Son las dos cosas en las que insistimos. Los actos orales a través de la simulación de juicios y de la visualización de juicios gravados que comentamos y discutimos. Y la redacción de resoluciones porque intentamos que cuando se cierren los casos se dicte sentencia”.

La necesidad de aprender a nivel práctico

Paco, Cristina y Gloria hace poco más de un mes que aterrizaron en Barcelona para comenzar su andadura en la escuela judicial, pero todos ellos coinciden en que esta es una parte fundamental del camino hacia ser juez.
Cristina asegura que “nosotros no sabemos ser jueces, porque eso en la oposición no te lo pueden enseñar, y además la ley hay supuestos que no contempla, y en un juzgado imagínate, pueden pasar millones de cosas. Y eso es lo que aquí te enseñan, a ir afrontando esas situaciones”. Paco añade que “creo que lo que nos enseñan aquí es a pensar, y te enseñan a buscar las herramientas para resolver ciertos conflictos”.
Ramón Casas usa la comparación para explicar lo que les falta por aprender. “Es como una biblioteca: tu tienes los libros bien ordenados, pero falta abrirlos, usarlos y en definitiva, movilizar ese conocimiento”. Para Ramón, además hay carencias que no son imputables a la oposición, sino a, a la propia universidad. “Desde que comienzas la carrera te acostumbran a decir: ha pasado esto, aplica el derecho. Y claro, cuando los alumnos vienen aquí descubren con cierto estupor que nadie les dice exactamente lo que ha pasado y que el trabajo del juez está en manejar los hechos. A ninguno nos han entrenado en el manejo de los hechos”.
Roser Bach suscribe esta idea. “No es lo mismo estudiar los requisitos para dar una intervención telefónica en el plano teórico, que encontrarse un caso concreto en que la policía te pide la intervención y en el que debes dictar un auto para acordarla. Este conocimiento no lo tienen que tener, porque no lo piden en la oposición, y eso es precisamente lo que debemos hacer aquí: aplicar el derecho”. Añade que en definitiva esa es la función de la escuela “son grandes juristas entre comillas, pero juristas teóricos. Aquí tenemos que enseñar a ser jueces”.

La crisis y la falta de plazas

El ministro Gallardón anunció en abril que no se convocarán plazas a jueces y fiscales hasta enero de 2013. “La Ley de presupuestos se prevé convocatoria de 50 plazas”, dice Roser Bach, que reconoce que, a pesar de la situación no es ideal “hay que tener en cuenta que en otros sectores de la función pública no hay convocatoria, y en ese sentido estamos relativamente contentos”. Esperan que la convocatoria se haga a principios de 2013 y de esa manera “probablemente en septiembre u octubre, las personas que hayan aprobado van a poder estar aquí, y esto daría una continuidad a la escuela”.

En cualquier caso la convocatoria será mucho menor que en años anteriores, y Paco, Cristina y Gloria se acuerdan de los compañeros que siguen – llevan años haciéndolo – preparándose la oposición. “Cuando me enteré de la noticia lo primero que hice fue acordarme de mis compañeros, y pensar en todo el esfuerzo y sacrificio que están haciendo sin poder saber muy bien qué pasará final”, dice Gloria. Lo mismo les ocurrió a Paco y Cristina. “Ya es duro de por sí enfrentarse a la oposición con el número de plazas que había antes, ahora es más complicado, y además con la incertidumbre de no saber exactamente el número de plazas que habrá”, apunta Paco. A lo que Cristina añade que “es desalentador. Y además no se tiene en cuenta que existe una necesidad y que los jueces no pueden soportar una carga de trabajo determinada”.

El profesor Ramón Casas suscribe esta tesis y asegura que la noticia supone un disgusto tremendo para un montón de gente que lleva mucho tiempo invertido en las oposición, y que tenían la expectativa razonable de poder presentarse a juez. Pero además, añade que “se genera un problema en el propio colectivo, que debería tener una rotación razonable. Si pensamos en las jubilaciones, por ejemplo, a lo mejor llegará un día en que se jubilen 150, 200 o 300 personas, y la capa de abajo no estará cubierto. Además es bueno que los jueces sean de diferentes generaciones y tengan diferentes experiencias vitales”.

Y finalmente apunta que existe otro problema y es contar con un colectivo sobrecargado y muy tensionado. Casas ilustra esta carga de trabajo con un ejemplo. “Yo recuerdo una fotografía en la que salía la juez que lleva el caso de los ERE de Andalucía. Llevaba una maleta pequeña. ¿Qué piensa un ciudadano cuando lo ve? Esta señora se va de vacaciones, y sin embargo, lo que sabe un juez es que esa señora lleva la maleta llena de expedientes que se lleva el fin de semana para su casa”, y prosigue que “cuando conoces las cifras de sentencias que dicta un magistrado, que pueden ser de 350 al año tenemos que tener claro que es una barbaridad. Y la ciudadanía debería preocuparse de que sus jueces puedan dedicar un tiempo razonable a resolver las cuestiones a las que les someten”.

En definitiva, concluye Casas, “no se han dado las circunstancias para que el CGPJ haya podido programar la situación, y haber hecho esto de una manera más escalonada”.

Mirando al futuro

“En estos 15 años se ha consolidado un modelo docente que creo que es puntero”. afirma Roser Bach. “La escuela judicial de Barcelona es un referente en Europa en estos momentos”, y por tanto, según la directora, los retos de cara al futuro pasan por seguir trabajando en la misma línea, y con el método del caso que tantas satisfacciones nos ha dado hasta el momento”.
Para los alumnos, el futuro pasa por empezar a trabajar en los juzgados el año que viene con un juez tutor, en lo que será la recta final de un largo camino que les llevará a ser jueces. “Tenemos compañeros de promociones antiguas que dicen que cuando empiezas las prácticas tuteladas te empiezas a creer que vas a ser juez “, dice Paco. Después de esto, los 204 alumnos de esta promoción de la Escuela Judicial empezarán a ejercer como jueces. Y a pesar de la incertidumbre con la que conviven, tienen claro que ejercerán una función especial. “Porque vamos a poder permitir que a través de la ley, los ciudadanos puedan ejercer sus derechos. Eso, a pesar de que ciertas cosas no funcionen bien, es muy bonito”, sentencia Cristina.