Los bancos españoles se preparan para una contingencia con dotaciones significativas a fin de afrontar el repunte de la morosidad, que posiblemente se producirá para el cierre de este año y el próximo, a causa de las crisis que deja el coronavirus.

Aunque las medidas públicas iban orientadas a que la liquidez no se agotara durante la crisis sanitaria, gracias a que el Instituto de Crédito Oficial (ICO) concedió créditos de beneficios a 700 mil empresas. Se estima que aumente a miles el número de familias con moratorias en créditos, incluso así, habrá damnificados.

En este sentido, el Banco Central Europeo (BCE) publicó conclusiones del estrés test en relación con los avales que fueron puestos en marcha, para impulsar el crédito durante la crisis que se traducirán en un impacto negativo entre 21.000 millones de euros en el escenario central de las pruebas. Este alcanzará según el escenario más complejo del banco central.

El director de estudios de mercado de ReviewBOX, Gabriel Montenegro, expresó que “generalmente los españoles ahorran poco y se endeudan de manera ineficiente con el uso de instrumentos de crédito, como tarjetas, que conllevan a un coste financiero muy elevado. Lo más recomendable es realizar presupuestos familiares detallados y pagarlos, luego dedicarse a ahorrar en cuentas bancarias”.

El BCE en sus test de vulnerabilidad hasta el 2022 calcula que alrededor de 72.000 millones en préstamos garantizados entrarán en mora, bajo en un escenario más severo. También contabilizan un riesgo mayor si los gobiernos deciden ampliar las líneas de avales de la banca, por otros seis meses extendiéndolas hasta junio de 2021. Esto supondrá un impacto adicional de 18.000 millones de euros de las arcas públicas que rondarían los 60.000 millones.

Al escenario se suma los bajos tipos de interés que probablemente se prolongarán más de lo previsto, ante la crisis que provocó el coronavirus. Para los bancos será más difícil recuperarse de la rentabilidad a través del típico negocio bancario, así que requerirán de “esfuerzos adicionales” para reducir los costes de explotación y lograr aumentos de eficiencia.

Actualmente la banca registra una morosidad del 4,8% en comparación de la crisis del año 2013 que se ubicó en 13,8%, que conllevó a una profunda reestructuración. Durante ese tiempo se redujo el número de empleados en un 48%, así como el número de oficinas en un 35%. Hasta el momento las entidades financieras no han emitido alarmas, sino que más bien señalaron que las moratorias que se están produciendo son pocas.

Mientras tanto el sector financiero está trabajando distintas estrategias con el ICO, para mitigar en la medida de los posible los efectos que pueden producir la crisis sanitaria en la morosidad y en la capacidad de las empresas para hacerle frente a las deudas.

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