Ante el desgaste de los políticos tradicionales, y de un electorado cansado de la corrupción, Jair Bolsonaro fue elegido por aproximadamente el 40%.

Finalizada la jornada de este domingo (28 de octubre), con más de 57 millones de votos, Jair Bolsonaro, diputado por el PSL, fue elegido presidente de Brasil. Como se esperaba, en la segunda ronda Bolsonaro derrotó a Fernando Hadad, candidato del PT, y gobernará el país los próximos cuatro años.

Bolsonaro asumirá como nuevo presidente de Brasil el 1 de enero, sucediendo al actual mandatario Michel Temer (MDB), quien se encuentra en el cargo desde el año 2016, tras el impeachment contra Dilma Rousseff (PT). El último militar que ocupó la Presidencia de la República del país fue João Baptista de Figueiredo, quien dejó el cargo en 1985.

En el discurso de la victoria, el capitán retirado del Ejército afirmó que será un “defensor de la Constitución, de la democracia y de la libertad”. Durante la campaña presidencial, el diputado federal por el estado de Río de Janeiro (desde 1991), fue el principal líder conservador brasileño.

El 6 de septiembre, sufrió un atentado por parte de un desequilibrado simpatizante de la izquierda. Le asestó una puñalada que lo mantuvo convaleciente y ausente prácticamente toda la campaña.

Bolsonaro es conocido por ser autor de declaraciones bastante polémicas, y tendrá como vicepresidente al general retirado Hamilton Mourão, un representante todavía más radical que él en sus posicionamientos antidemocráticos y nostálgicos de la dictadura. Su ministro de Hacienda será el economista liberal Paulo Guedes, socio de la empresa de inversiones Bozano y discípulo de la liberal Escuela de Chicago.

Al estilo Trump, desarrolló una campaña basada principalmente en las redes sociales. En ellas Bolsonaro repitió una y otra vez que su gobierno tendrá tolerancia cero con la corrupción, criticó fuertemente al PT y la izquierda brasileña, resaltó los valores familiares conservadores, pidió mayor libertad policial, para que la misma pueda actuar sin ser sancionada por excesos durante sus operaciones de seguridad pública y prometió adoptar una economía más liberal. Sin embargo, no ha detallado exactamente qué pretende hacer en el área económica, no obstante sabe que cuenta con el apoyo del sector empresarial, y que se espera la gestión de un gobierno más privatizador y austero.

De sus asesores se conoce que ya trabajan en las primeras medidas que el presidente anunciará, hablan de disminuir impuestos, aprobar una propuesta de reforma de la Seguridad Social, dar estímulo a la creación de empleo, simplificar el sistema tributario, privatizar aquellas empresas estatales consideradas ineficientes y acabar con el déficit fiscal, que para este año 40 000 millones de dólares. Los mercados consideran atractivas estas medidas. A la par que las encuestas indicaban a Bolsonaro como vencedor subía el índice de la Bolsa de Valores de Brasil.

La aprobación dichas medidas no será tarea sencilla, exigirá negociaciones con el Congreso Nacional, donde el presidente deberá contar con entre 230 y 240 votos en la Cámara de Diputados, de un total de 513, y cerca de 30 votos en el Senado Federal, que cuenta con 81 miembros.

Sin mayoría en ambas Cámaras,  necesitará una buena articulación política para lograr votos y así lograr la aprobación de las medidas que dependen del Legislativo. Con un Congreso parcialmente renovado y atomizado entre decenas de partidos, el nuevo presidente necesitará contar con parlamentarios de centro para aprobar potenciales cambios. El reelegido diputado Onyx Lorenzoni (DEM) será el principal articulador político de Bolsonaro, futuro ministro de la Casa Civil, una figura similar al Ministerio de Presidencia.

A pesar de ello, varias medidas en estudio por el equipo de Bolsonaro pueden ser adoptadas por decisión exclusiva del presidente electo. En el área comercial, por ejemplo, se pretenden ampliar acuerdos comerciales bilaterales y reducir los aquellos pactados durante los gobiernos del PT con China, Cuba y Venezuela. En el área agrícola, Bolsonaro señaló que va a reducir el tiempo para la concesión de licencias ambientales y dar tratamiento a los movimientos sin tierra como terroristas, medidas que buscan el apoyo de diputados y senadores vinculados al sector de la agroindustria.

A pesar de la crisis brasileña, tendrá un escenario económico relativamente favorable en los dos primeros años de su gobierno, con la inflación bajo control, intereses bajos, una economía en recuperación y una situación algo más favorable en las cuentas externas

En lo social, el principal desafío del nuevo presidente será pacificar un país profundamente dividido y polarizado. Más del 45% de los votos válidos fueron contra sus propuestas. El número de votos blancos y nulos en la elección alcanzó el mayor nivel desde 1989. Además, las polémicas declaraciones de Bolsonaro y sus partidarios contra el Poder Judicial, la prensa y los opositores causan alarma sobre los riesgos de concederle el poder a un Gobierno antidemocrático, autoritario y radical.

En el mencionado discurso realizado sólo para las redes sociales tras su victoria, Bolsonaro quiso mostrar la Constitución brasileña, además de la Biblia. La incertidumbre está en saber cuánto moderará el poder al candidato Bolsonaro, y si resultará un presidente sustancialmente distinto al que le llevó a la presidencia.

Fuente: Llorente y Cuenca