Este Real Decreto abría la posibilidad -nueva en nuestro sistema educativo- de estudiar asignaturas sueltas en el Bachillerato, igual que se hace en la universidad. De este modo, durante un curso, los alumnos podían estudiar las materias suspendidas en 1º y «dos o tres» de 2º, con la salvedad de que éstas no debían requerir los conocimientos de las suspensas.

Con su decisión, el Supremo admite a trámite el recurso planteado por la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (Fere) contra esta especie de ‘curso puente’. Argumentaba en su recurso que el Real Decreto abría el Bachillerato a tres cursos no reglados oficialmente.

La magistrada Celsa Pico, ponente de la sentencia, dice, dando la razón a la Fere, que «tal reglamentación carece de cobertura legal y altera, por completo, el régimen regulador de la LOE».

En efecto, la posibilidad abierta por el Real Decreto no aparece reflejada en la LOE, que dice que sólo se podrá promocionar con todo el curso aprobado o con un máximo de dos suspensos.

Por tanto, la fórmula elegida en 2007 por el Ministerio de Mercedes Cabrera para paliar el abandono escolar e incentivar la continuidad del estudio no está contemplada por la propia LOE del Gobierno socialista, aprobada en 2006.

Según afirma la Fere, no sólo fueron ellos quienes plantearon objeciones a este desarrollo normativo, sino que «el Consejo de Estado presentó serias objeciones a este desarrollo, indicando que podía ser considerado como una promoción encubierta de los alumnos».

Asimismo, los colegios religiosos alertaron de las «consecuencias negativas que esta medida iba a suponer en la organización de todos los centros de Bachillerato, públicos y privados, ya que excepto aquéllos que tuviesen un gran tamaño, necesitarían duplicar espacios y grupos y ampliar profesorado».

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