Los países de la UE han llegado a un acuerdo definitivo para crear la patente común europea, que posteriormente deberá ser autorizada por el pleno del Parlamento Europeo. El proyecto cuenta con el apoyo de todos los estados miembros menos España e Italia, que consideran que con esta decisión se está discriminando a sus lenguas oficiales ya que no han sido admitidas para registrar las patentes. De este modo, las patentes nuevas tendrán efecto en los 25 estados miembros que han apoyado el proyecto pero deberán registrarse mediante un procedimiento distinto para que tengan validez en España e Italia.

La creación de la patente común ha sido consensuada por el Consejo de Ministros de la UE mediante el mecanismo de cooperación reforzada, que permite aprobar acuerdos sin unanimidad si se estima que los objetivos asignados no podrán alcanzarse en un plazo razonable mediante la aplicación de las disposiciones pertinentes de los Tratados. De hecho, el tema de la patente comunitaria se ha estado negociando durante las últimas décadas con el objetivo de que Europa sea más competitiva a nivel internacional pero no había logrado prosperar dada la negativa hispano-italiana, entre otras problemáticas.

Además de la creación de la patente común, los 25 países miembros han consensuado otra norma sobre el régimen de lenguas y un acuerdo internacional que crea una jurisdicción única y especializada (con un tribunal central en París), al que también se ha sumado Roma. Además de la sede central, también se establecerá una corte especial para patentes farmacéuticas y químicas en Londres y otra dedicada a las de ingeniería mecánica, en Munich.

Una patente trilingüe 

Según han acordado finalmente los 25 países miembros, las patentes solo estarán disponibles en inglés, francés y alemán, aunque los interesados podrán someter sus solicitudes en cualquier idioma de la Unión y después del registro, la patente será traducida en los tres idiomas indicados.

El Gobierno español considera que la decisión supone una clara discriminación hacia la lengua española y puede llegar a convertirse en un «precedente de marginación» de esta lengua para futuras cuestiones europeas. Además, el Ejecutivo considera que mediante este sistema se está favoreciendo la competitividad de los países que tienen a alguno de los tres idiomas como lengua madre, mientras que estos Estados institen en que es más práctico y barato trabajar con menos lenguas y destacan las pocas patentes que se solicitan en español (8.000 peticiones frente a las 135.000 de Alemania, por ejemplo). En cualquier caso, fuentes del Gobierno ya han anunciado que recurrirán la decisión ante el Tribunal de Justicia de Luxemburgo.

Una vez el acuerdo tomado ayer haya sido aprobado por el Parlamento y ratificado por parte de los Estados miembros (lo que se calcula que va a suceder a finales de 2013), será suficiente con registrar la patente en cualquier país europeo en lengua inglesa, francesa o alemana, para que el día siguiente sea válida en todo el ámbito comunitario.

Actualmente, la Oficina Europea de Patentes evalúa las peticiones y concede la patente europea si el caso cumple los requisitos previstos. Sin embargo, para que ésta tenga efecto en un Estado miembro, el inventor tiene que solicitar su validación nacional en cada país donde desee que la patente esté protegida. Esto conlleva elevados gastos administrativos y de traducción, que quieren evitarse con la puesta en marcha de este sistema único para toda Europa.

Según Patricia Ramos, de PONS Patentes y Marcas Internacional: “Nosotros pensamos que por encima de todo hay que defender los intereses de España y de sus empresas, y el que se imponga a éstas que defiendan sus innovaciones en francés, inglés y alemán, supone una pérdida de competitividad aún mayor para España, donde partiendo de que ya se patenta poco la tendencia seguiría siendo decreciente porque habría que seguir dependiendo de las tasas de validación y las traducciones de patentes (con el correspondiente perjuicio económico para las PYMEs españolas, y la discriminación de costes frente a las empresas alemanas, francesas e inglesas). Si además tenemos en cuenta que el español es la segunda lengua más hablada del mundo por número de hablantes nativos, justo por detrás del chino mandarín y antes que el inglés, parece más injustificada aún la decisión de que el español no sea uno de los idiomas oficiales del nuevo sistema de patente de la Unión Europea”.

Nuria Marcos, directora general de PONS Patentes y Marcas Internacional añade: “España está en contra del sistema de la patente unitaria tal como se va a aprobar por considerarla discriminatoria, ya que ofrece ventajas competitivas a unos Estados miembros y agentes económicos en detrimento de otros como es nuestro caso, por razón del idioma y de la jurisdicción. El sistema aprobado choca con el concepto de mercado único y de habernos adherido a él, hubiera mermado la capacidad para competir de nuestras empresas en los sectores tecnológicos y científicos más innovadores.”

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