El coste de la deuda griega se fue por las nubes, después de que bajó la confianza de los mercados en la capacidad de Grecia de devolver sus préstamos.

La nueva caída de los activos griegos sintonizó con un nuevo récord del diferencial del bono griego a diez años en relación al alemán, que alcanzó un diferencial de 778 puntos, aumentando el interés que Grecia ha de pagar para obtener créditos.

La decisión de la agencia de calificación de riesgos Standard & Poor’s de rebajar la calificación de la deuda griega al nivel del bono basura ha elevado aún más la presión a la economía griega.

El Gobierno griego criticó que esa rebaja no responde a la realidad de la economía griega e hizo un llamamiento para que se ponga en marcha cuanto antes el mecanismo de ayuda crediticia diseñado por la zona del euro y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El ministro de Finanzas griego, Yorgos Papaconstantínu, consideró «inaudito que Alemania bloquee el paquete de ayuda», en referencia a la exigencia de Berlín de que Grecia amplíe y concrete su política de reducción del gasto como condición para hacer efectiva la ayuda.

Esa estrategia de ahorro, manifestada hasta ahora en recortes salariales y congelaciones de pensiones, es también el tema central del Consejo de Ministros en el que se tratará hoy el adelgazamiento de la Administración local y la eliminación de dos tercios de los Ayuntamientos.

El conocido como Plan Kallikratis unificará municipios en entidades más grandes y despedirá a hasta el 30 por ciento de los funcionarios de la Administración local.

Ante la suma de medidas de ahorro, por la presión del FMI, los socios europeos y el propio Banco de Grecia, las protestas sindicales contra la política de austeridad del Gobierno griego siguen sin dar tregua.

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